La Suela de Andar
Autora: Ana Isabel Piza Escalante
Jacinto y Zoila vivían juntos, “juntaos” desde hacía no sé cuántos añales.
Nunca tuvieron hijos, “tatica Dios” no quiso mandárselos, él sabrá por qué. Jacinto era jornalero y Zoila lavaba ajeno, y con eso pasaban bien. Zoila era hablantina y Jacinto no atravesaba palabra, por lo cual nunca tenían ocasión de pelear. A Zoila le gustaba quejarse y Jacinto la oía como oír llover.
Pero un día Jacinto cayó enfermo. Le salieron unas calenturas que no se iban. Se sintió tan mal que no tuvo más remedio que ir al Hospital a que lo vieran, y de la vista pasaron a los exámenes y de los exámenes al internamiento, y a una cama fue a dar Jacinto.
No había duda de que en el hospital le dieron una buena atención. Tanto así, que lo bañaron a conciencia, lavándole los pies con “cepillo’e raíz”. Aquella dura corteza que se le había formado de toda una vida de “volar pata” descalzo fue casi desapareciendo. “Achará”
Entretanto, a Zoila le hacían falta Jacinto. Añoraba no sólo su compañía sino la plática que se ganaba jornaleando, que llegaba puntualmente cada sábado para comprar el diario. Y entonces apareció por aquel pueblo un marimbero. Llegó con su marimba y tocaba en la plaza cada noche, recogiendo las monedas que quisieran darle. Con eso compraba la comidita de cada día. Como no encontró un lugar barato donde dormir, Zoila le dio posada y él ayudaba con la comedera de cada día.
El marimbero era un muchacho alegre y despreocupado, que noche a noche compartía sus anécdotas con Zoila. Pronto compartieron algo más. Cuando Jacinto salió del hospital ya Zoila no estaba en la casa; se había ido con el marimbero.
“Diay, compadre, qué mal lo ha tratado a usté el destino”, le dijo Pepe al pulpero.
“Y lo pior, compadre. ¡No ve que me arrancaron la suela de andar!”
“Con razón que yo lo veía caminando tan rato. ¿Cómo fue eso?”
“Diay, no ve que a las enfermeras le dio por darme y darme cepillo, como si eso que yo tenía fuera suciedá. Por más que les dije no me hicieron caso”
“¡Que tuerce, mi compadre! Así es la vida de nosotros, los pobres. Cuando nos mandan una nos mandan diez”
“Menos mal si fuera así con las mujeres...”
“¿Y eso, compadre, a usté que me dieron por allá? Está desconocido...”
“Mucha sopa, compadre. Mucha sopit’e pollo. Y mucho cepillo’e raíz...”