Magna celebración
Autora: Emma Zúñiga Valverde
Muy de mañana estaba doña Araña muy huraña y no con poca maña tejiendo su telaraña en el árbol de Castaña.
Cerquita, en el gigante girasol rutilante, la avispa siempre tan optimista iba de un lado para otro y muy lista saltó antes de que la chispa morisca su vestuario salpicara.
¡Y qué esplendor de mañana! También iba doña Iguana con su vestido verde perico y sus aretes de coral que lucía muy galana; la acompañaba la señora Rana que por nadie se cambiaba con su nuevo vestido grana y sus zapatos de tacón. ¡Ay, casi se da un tropezón!
Desde lo alto las observaba doña Cotorra que apenas se estaba sacudiendo la modorra, cuando de pronto vio pasar a tía Zorra que muy presumida y apurada se encaminaba a la fiesta de tía Gallina: cuarenta años cumplía la muy indina y cuál fue su sorpresa: en la puerta recibiendo a los comensales muy orondo estaba tío Coyote, a quien en aviso había puesto su primo el Guajolote; patas pa qué te quiero, por donde vino, al trote y con la misma tía Zorra se devolvió eso sí pasando muy de lejitos del jicote.
Tan ofuscada iba que no vio a tío Venadito que muy de prisa y bien vestidito se dirigía a tomar el botecito que lo llevaría a Parasito.
¡Ay, pobre tía Zorra! Tío Conejo casi la atropella; iba montado en su caballo Rosella, muy ataviado, con traje nuevo y espuelas de plata, por nada se quería perder celebración tan grata.
¡Adiós, comadre! Para dónde va tan tarde -le preguntó-.
- ¡Ay ni me diga, tío Conejo! Traigo a tío Coyote aquí en el cogote y más vale aquí corrió que aquí murió. Buenas le dé Dios. Hasta luego, compadre.
Bien trajeado y alegre tío Tigre iba silbando por el bajillo; desde lejos escuchaba la algarabía, los bombos y los platillos pero de pronto divisó al faruscas de tío Conejo; sin resuello y con el alma en un hilo se quedó, no supo más qué sucedió y no fue sino por tía Venada que en el camino se lo encontró y junto con tía Palomita Yuré auxilio le prestó, y de la anunciada fiesta nunca se supo qué pasó.