Madre Tierra
Autor: Francisco Javier Pérez Hidalgo
Surgió de la nada en aquella noche de explosión celeste, acompañada de una diáspora de estrellas, mariposas blancas diseminadas en vuelo.
Redonda y diminuta sintió oscuro temor al escuchar el tañido de una campana que la invitaba a encontrar su propia senda de luz.
Nos soñó en la opacidad del inmenso cosmos, y fuimos uno, génesis en expansión fluyendo en el frágil espacio sideral donde el hombre concreta su destino.
Nos acurrucó junto a su seno, fuimos sus hijos, soñamos, flotamos y orbitamos tan cerca, tan cerca de su corazón, que a Dios percibimos en este abrazo.
Me duele, Madre, la inmensa noche en que te redujimos a cenizas, este apocalipsis de gas invernadero, que te ahoga y enturbia los ojos.
Fuimos lobos esteparios, arrasamos la piel de tus valles, desarraigamos tus bosques.
El hacha, fue el único juicio justo que se te concedió, entre gemidos y soledades.
Ni siquiera se te dio una mortaja para cubrir tu cuerpo Arde el rostro de la Madre, en cada pétalo, en cada flor, en cada hijo intoxicado.
No trinan los pájaros.
Ni se escucha el chillar de los grillos.
Hemos roto el inefable, hilo azul de tu manto Hoy vengo a ungirte, Madre, todavía hay esperanza.
Traigamos bálsamos y vendas, cántaros de amor unamos las manos, para que entones otra vez tu canto, ¡Madre Tierra!, ¡Nuestro hogar!