Fantasma en la garúa
Autora: María José Calatayud Ponce de León
La niebla se hace piel sobre el paisaje y perfila los brotes de inagotables verdes que la humedad refleja; el canto de las aves armoniza, en sus notas infinitas, la danza en la espesura del vaivén de las hojas cuando cimbran los árboles.
Esta tierra de color vestida, claroscuro de luces que realza el matiz de las flores y senderos marcados por el rastro de pies entretejidos con la noche, hoy siente una tristeza sometida a los pasos ajenos que recorren su patria, como únicos dueños bajo el cielo de los vientos y el sol.
Y muy dentro de ella se encona el silbo que brota de su entraña evocando la esencia del espíritu indígena.
Desnudada esta tierra de su manto cae infinita en surco desabrido y no da el pan que piden sus retoños.
Es una siembra inútil de ausencias sin regreso.
Lluvia que resuena en las altas cimas que guardan chamanes de arcaicos secretos, donde el canto del ave es un glifo cincelado en la roca, que resiste el olvido entre la bruma.
Y el hijo de la tierra camina entre un ayer y un hoy, fantasma en la garúa sin la firma de nadie.
Mano a mano las sombras conocidas se entrelazan y siguen su camino enervados los pulsos, por el surco perfecto de su tierra hacia un horizonte de círculos sin fin.