Veinte años

Autor: Abel Antezana Palacios

Todavía estoy aquí,
Pero ya no soy el mismo.
Pronto arderán los sirios
En los árboles vitales
De otras lentas soledades.
Si supiera, si intuyera,
Por qué estoy aún aquí,
me daría cuenta de que
más allá del horizonte
se esconden las deshojadas
mañanas de mis quimeras
ahuyentando sordamente,
como a las dulces tángaras,
las vigilias obstinadas.

Todavía estoy aquí,
pero créeme, vida mía,
ya no soy el caminante
oteando faros boreales
tan taciturnos e irreales
como nuestras proyecciones
de hace más de veinte años.
Aquí, sin embargo, todo
Ha cambiado ferozmente;
Como las palabras grises,
Como las teorías densas
o como los laberintos
del amor y del desencuentro.
Pero brotan nuevos salmos,
sutiles remozados,
salimos luciendo alboradas,
entornos y galucas luces
de secretos escondidos
-un océano olvidado,
Algún nuevo itinerario;
No sé si alguna esperanza-...
No me importan estar aún aquí.
No me importa haberlo hecho
Por esta doble década;
lo cual hace que la brisa
nos traiga en su evocación
aquella rapsodia intensa
de ansiedades prolongadas:

Te fuiste como lágrima
rodando lenta del alma,
rodando... rodando trágica,
cuando algunas metáforas
pretendían crear mágicos
pensamientos cotidianos
para agarrar el más allá...
(No sabemos qué sabemos)
Te fuiste como una lágrima
rodando lenta del alma.
Por eso, sólo tú puedes
ver la cuestión emergida.
Una orgánica pregunta:
¿Ya empezó mi vida eterna?

cierre de obras