Relato de Experiencias

Éxodo

Autor: Francisco Javier Pérez Hidalgo

Cuarenta años laborales utilizando las tecnologías. Esta es la vivencia de mi paso por estas tierras áridas y desérticas que llamó éxodo. El paso de una tecnología muy primitiva a otra cada vez más innovadora y compleja. Mi experiencia de 40 años inició con máquinas muy básicas en los años 1975, cuando habiéndome graduado como Bachiller en Ciencias y Letras, estaba urgido de trabajo y no tenía ningún conocimiento especializado. En cada paso que daba en este éxodo que iniciaba surgía el estrés y el miedo a lo desconocido. Las máquinas semejaban lagartos dispuestos a hundirme su fría dentellada en el pecho. Siempre imaginaba miradas de puñal en todo aquello que fuera tecnología.

En ese tiempo solicité una beca, una ayuda económica a una universidad estatal. Este me fue negada. Este pequeño detalle, esta ligera adversidad me desvió de mis pretensiones de estudiar ciencias económicas y ciencias políticas, que era mi gran ilusión.

Levanté gran infinidad de piedras del camino para encontrar trabajo y éste se me negaba. Comprendí que debía tener una profesión que me respaldara y así lograr el éxito. De esta manera llegué a mi mundo tecnológico por primera vez. Entré en contacto con las legendarias máquinas de “perforación de tarjetas IBM” que servían, entre otras cosas, para hacer registros de nombres y elaborar cheques para pagar los salarios y otras deudas a los proveedores. Recuerdo que obtener el título profesional, tan solo tardaba tres meses en una Escuela Comercial. La máquina perforaba una kilométrica tira de papel haciéndoles miles de huecos, el papel caía al piso y luego yo lo recogía alegre de tirar, inocentemente, confeti en la avenida central. Recuerdo que según el profesor, las primeras máquinas se inventaron en 1.890 y había de varios tipos. Esto me producía miedo ya que debía hacer una buena elección para no desperdiciar el pago de mis estudios. Fue así como opté por estudiar una marca reconocida en el mercado: “perforadora IBM 024”, esta me inspiraba más confianza, por la fama de la marca en el país.

La risa asoma a mi rostro al verme frente a una profesión de tan solo tres meses de estudio, cuando en promedio, en una universidad se tardaban diez años.

El trabajo profesional con esta máquina, duró un par de meses porque un día recibo una llamada telefónica en mi casa de habitación:

-Aló. Aló...El señor Gerarado, por favor.-dijo un desconocido.

-Con él habla, en qué puedo servirle- le aclaré.

-Disculpe el atrevimiento, nos enteramos que usted trabaja en una empresa vecina y nos gustaría conocerlo, entrevistarlo y saber si le agradaría trabajar con nosotros. Obviamente, le pagaríamos mejor. Un amigo nos dio su nombre.-me dijo la persona.

Milagrosamente aquella voz, me llegaba desde el cielo. Mi familia estaba necesitada de mejores ingresos y yo quería aportarlos.

-¡Por supuesto que sí!-Le respondí.

Era la época en que los empresarios acostumbraban a “robarse” a los empleados de otras empresas debido a que no había mucha mano calificada en el mercado laboral.

-Nos urge una persona, podría visitarnos hoy.- me dijo el contratante.

-¡Por supuesto que sí!-respondí.

La empresa quedaba cerca de la C.C.S.S. en San José.

-Pase don Gerardo: sabemos que su trabajo es como perforador de tarjetas. Sin embargo, lo que necesitamos es que trabaje para nosotros en la máquina “Burroughs”, una máquina para contabilidad de segunda generación. Pienso que usted podrá aprender con rapidez.- dijo el gerente.

¿Segunda generación? Otra vez aquel pánico hacia la tecnología me invadió. Parecía sereno y firme, sin embargo sentía que la tierra me tragaba, no entendía de qué me hablaba.

-No se preocupe, nosotros lo enviaremos a un curso.-señaló el gerente.

-Gracias señor. Acepto el trabajo.-le respondí, ya calmado.

Fueron mis dos primeras experiencias con la tecnología, un susto de dinosaurios, una experiencia aterradora por mi falta de experiencia. Sin embargo, fue una suerte inmensa y una gran satisfacción por lo “avanzado de las tecnologías de punta” que me permitía aumentar mis ingresos, estudiar por las noches y obtener un título de Contador Privado. De esta manera, sin darme cuenta fui forjando mi carácter para superar la adversidad. Aprendí a vencer al mundo, a ser más fuerte y poder vencer aquellos miedos irracionales.

Tres años más tarde, recibí otra llamada telefónica. En ese entonces los teléfonos eran de disco y luego evolucionaron a teléfonos de botones. El mundo empezaba a cambiar vertiginosamente y resultaba necesario adaptarse para no morir desfasado. Paralelamente a las tecnologías de la información y comunicación, hubo también impresionantes innovaciones en las ciencias médicas, militares y robóticas entre otras.

-Aló, señor Gerardo, queremos entrevistarlo, necesitamos urgentemente un contador. Puede venir hoy, le pagaríamos el doble.- me dijo el contratante.

Esa llamada me acercó a otro mundo tecnológico en unas oficinas cerca de Radio Monumental. Significaba un puesto de contador, mejor remunerado y que me hizo continuar mi éxodo. Volví a emigrar por el desierto. Necesité aprender una nueva tecnología, un nuevo desafío. En mi puesto de contador debí aprender el manejo de aquel nuevo lagarto, la “PC Lotus 1 2 3” conocida como la “aplicación matadora” para la plataforma de IBM. El estrés inundaba mi cuerpo, pero era un nuevo desafío. Inmediatamente, me matriculé en una escuela para aprender “Lotus 1 2 3”, lo cual logré en tres meses, mejoré m i salario y apoyé mejor a mi familia.

Hoy mi paso por las tecnologías parece sencillo, fácil y asequible, pero no fue así: tuve que invertir tiempo, horas de estudio, corregir errores, trabajar extras. En fin, una experiencia creciente, enriquecedora pero muy angustiante. El estrés y el miedo siempre asomaban a sus ojos con cada por este desierto de las tecnologías.

Recuerdo cuando llegó el conocido “FAX” o facsímil. Yo me encontraba en San José, el gerente en una subsidiaria en Limón. Nadie, ni las secretarias se atrevían a intentar a enviar el primer mensaje. Fue una hermosa experiencia con esta nueva tecnología. Jamás hubiera imaginado que yo lo lograría. Resueltamente tomé una hoja con el membrete de la empresa, lo puse en la máquina tecnológica para transmitirlo, leí el manual, apreté botones y le di enviar. Resuelta que en la sucursal de limón se encontraba el gerente y el subgerente cuando les llegó el fax.

El gerente muy emocionado cogió el radio:

-Base 1 por favor..., aquí Base 2...cambio...

-Aquí Gerardo en base 1...cambio...

-¿Quién envío el fax?...cambio

-Yo, señor...cambio.

-¡Lo felicito! Así es como quiero a mis empleados, hombres sin miedo cambio...

-Gracias señor....

Sin embargo no todo era “miel sobre hojuelas”, como dicen nuestros campesinos yo tenía una oferta de trabajo de otra empresa, instalada en San José con sede en Miami y más de 30 países en el mundo. Puse mi renuncia para mi nuevo éxodo. Otra vez el miedo y la incertidumbre...La nueva empresa tenía varios departamentos: Cómputo, Contabilidad, Recursos humanos, Proveeduría, Planillas y otros, total 160 personas administrativas. ¡Fue otro golpe de pánico!, manejaban un equipo llamado “Sistema IBM 360”.

-La máquina maneja unas cintas magnéticas, terminales interactivas, 80 columnas de texto, unidad central de proceso...- me explicaba el experto, mientras que yo estaba escuchando como un zombi. La máquina era un monstruo, ocupaba una habitación de 4x6 metros y refrigeración, algo emocionalmente impresionante. Sorpresivamente, la empresa emigró a una tecnología más avanzada y de punta: “Oracle”. En adelante, el uso del sistema, estaría a cargo de cada Contador y sus auxiliares. El Departamento de cómputo fue eliminado. Fue una experiencia dolorosa. La nueva tecnología controlaba todo semejando un pulpo que con sus tentáculos abarcaba hasta la calificación del rendimiento del personal. Rebajó muchos costos a la empresa. Era una máquina súper inteligente que revolucionó el sistema en 32 países simultáneamente. El mundo tecnológico invadió la vida laboral. Cambió la vida del ser humano.

Hoy, pensionado, disfruto intensamente de mi familia, mis hijos, mis nietos y mis amigos pero aún mantengo una relación romántica con las tecnologías que me sirve para comunicarme con el mundo exterior. Tengo la convicción de que he emigrado, he terminado mi éxodo y vivo hoy en un mundo de belleza y amor.

cierre de obras