Relato de Experiencias

La tecnología ha sido y será parte de mi vida

Autor: Fernando Chaves Alvarado

El origen campesino y la pobreza familiar me impidieron proseguir con los estudios secundarios; por lo que al graduarme de sexto grafo no me quedó otra opción que hacerme peón agrícola. Sin embargo, exploré una alternativa que me permitiera un mejor trabajo. En eso estaba, cuando en una tarde esplendorosa del mes de marzo de 1963, después de una jornada laboral agotadora me bañé y me alisté para ir (como de costumbre) a la pulpería de doña Carmen, ubicada en la Esquina hacer tertulia con otros vecinos asistentes regulares de ese lugar y con la pulpera. De pronto al pasar frente al telégrafo, se me ocurrió entrar a conversar con el telegrafista; un muchacho foráneo que se sentaba en una banca en el corredor de su oficina y vivienda, y desde allí escuchaba los conversatorios de los tertulios lugareños. En la conversación entre ambos, se me ocurrió comentarle:

-Arnoldo cuánto me cobras por enseñarme el oficio de telegrafista. Él me volvió a ver extrañado por la pregunta y me dijo:

-Mire usted, este oficio no es fácil de aprender. Yo practiqué todos los días durante tres años.

-Le aseguro que aprenderé en menos de ese tiempo. Le respondí.

Después de pactar el precio y de comprar un aparato telegráfico de aprendizaje inicie las sesiones de instrucción que Arnoldo me daba por las tardes.

A pesar de que me convencí sobre la dificultad del aprendizaje de esta tecnología otrora maravillosa y de punta, porque permitía en tiempo real, la transmisión y recepción de mensajes (telegramas) o el conversatorio entre dos o más telegrafistas (equivalente a los mensajes de texto tan populares e la actualidad por medio de teléfonos celulares), después de dos meses de prácticas, con una edad de 14 años, sin la aprobación de mi tutor porque decía que era muy poco tiempo de adiestramiento y sin conocer la capital , me vine a San José a presentar el examen de aptitud que aprobé sin dificultad, el cual me sirvió para iniciar mi nuevo trabajo de telegrafista sustituto en el ámbito nacional.

Desde aquel año laboré en diferentes lugares como telegrafistas. Algunos que recuerdo: Tabarcia de Mora, Copey de Dota, Santa Rosa de Santa Cruz, Barranca, El Roble, Chacarita, Cocal, Miramar, Esparza, San Rafael, Desmonte, Higuito, San Mateo, Las juntas de Abangares, San José de la Montaña, Hojancha, Siquirres. Como nota anecdótica, en las primeras oficinas que trabajé, era usual que llegaran las personas a requerir el servicio de telegráfico y me dijeran:

-Carajillo, llámeme al telegrafista.

Cuando les respondía: “Yo soy el telegrafista”, hacían una mueca de desaprobación creyendo que los estaba vacilando, hasta que me observaban sentado en el banco de madera con los pies guindando (dado mi mediana estatura y consecuente con mi corta edad) frente al escritorio manipulando el aparato telegráfico para enviar el telegrama requerido. En 1971 me trasladé a la Central Telegráfica Nacional en San José.

En 1979 con el gobierno de Rodrigo Carazo se desmanteló el sistema telegráfico nacional y se instaló una red de teletipos y faces, al igual que los demás telegrafistas sobre la marcha (porque no recibimos previa instrucción), nos vimos obligados a adaptarnos al nuevo sistema que operó hasta finales del siglo pasado, con algunas modificaciones durante ese lapso, en cuanto a los equipos.

En 1985 me trasladé a laborar en la secretaria de la junta administradora de correos y telégrafos. En esa oficina debía operar una máquina eléctrica, un mimeógrafo de esténcil para imprimir las actas de la junta, manipular una central telefónica y una fotocopiadora de última tecnología.

En 1994 fui nombrado como director nacional de comunicaciones, lo que en la actualidad es el puesto de gerente general de correos. En este nuevo cargo gerencial, tenía que estar a la altura de las nuevas tecnologías y en particular las relacionadas a las telecomunicaciones.

En ese mismo año Racsa promovió el arrendamiento de la incipiente explotación del uso de internet con un curso gratuito para dos empleados de las organizaciones que contrataran este servicio. Para el correo era importante, como institución encargada de la prestación de los servicios postales y telegráficos, contar con una plataforma de este tipo para su uso en el ámbito operativo y administrativo nacional e internacional, por lo que se contrató dicho servicio.

Los técnicos de Racsa, constituidos en instructores de la tecnología de última generación, se empeñaban en explicar en forma sencilla y clara al grupo de asistentes (en su mayoría funcionarios públicos) los pormenores de estos sistemas y nos instruían en cómo ingresar y hacer uso de la red de redes conectadas en forma mundial. En ocasiones nos parecía impensable e inalcanzable lo que nos indicaban los autores sobre las aplicaciones y los alcances de esas tecnologías.

Posterior a la instrucción, los conocimientos e informaciones adquiridos en cuanto a los nuevos sistemas computacionales, me convencí que debía hacer todos los esfuerzos posibles por modernizar el sistema de la entidad que dirigía; de manera que se inició la implementación de un plan piloto compuesto por mi oficina, la unidad de informática, recursos humanos y la unidad administrativa. Con ese sistema podía comunicarme en forma directa y en tiempo real con los funcionarios de esas unidades, con los jerarcas de los organismos internacionales postales y los jerarcas de las demás administraciones postales en el ámbito global. Además, hasta conversábamos por medio del correo electrónico de temas de interés sobre la materia propia de las funciones. No faltaba alguna anécdota y hasta algún chiste contando en forma digital.

En forma simultánea, ordené el fortalecimiento en cuanto a recursos humanos, materiales y financieros al incipiente Departamento de Informática, estableciendo políticas claras y contundentes para el diseño e implementación de un sistema computacional integrado con acceso a mi despacho para la operación y rastreo de los servicios postales y telegráficos, así como computarizar los sistemas administrativos y financieros que hasta el momento se hacían en forma manual.

Aparejado con lo anterior, después de varios intentos a mediados de 1994, el ICE decidió iniciar la operación del sistema de telefonía celular (con tecnología analógica), diseñando un plan piloto y ofreciendo líneas telefónicas celulares a los altos jerarcas de la Administración Pública y altos ejecutivos de las grandes empresas privadas. En mi condición gerencial, el ICE me asignó una línea con un teléfono celular, el cual se tornaba útil para la comunicación fuera de la oficina y los fines de semana que por lo general realizaba giras a los telégrafos y correos ubicados fuera de San José.

Los lugareños del área rural se extrañaban al observar que literalmente conversaba solo. Para esos campesinos el celular es un aparato desconocido y les resultaba impensable que por un instrumento pequeño e inalámbrico, una persona podía conversar o comunicarse con otra a la distancia.

Algunos de estos campesinos hasta comentaban:

-Este señor está chiflado porque está hablando solo.

Esta circunstancia fue superada cuando al poco tiempo se manifestó el uso de estos teléfonos celulares en el ámbito nacional.

En 1998, después de 33 años de servicio público (de los cuales dos tercios me desempeñé como telegrafista), utilizando medios de telecomunicaciones otrora de última tecnología, pero desechados por obsoletos, me acogí a la jubilación, dejando la institución con un proceso avanzado de modernización con base en sistemas computacionales integrados en cuando a equipos y redes que agilizan los procesos y los hacen más seguros para beneficios de los usuarios.

Posiblemente, ese primer oficio de telegrafista que ejercí desde temprana edad, me sirvió para asimilar los avances tecnológicos y la amenaza que antes observábamos en los sistemas computacionales, pero que en realidad fueron y siguen siendo una oportunidad de modernización de cualquier organización pública o privada.

Mi nueva vida de jubilado y de adulto mayor, la disfruto acompañado de mi inseparable teléfono celular y de mi imprescindible computadora portátil, con la cual escribo relatos, observo y opino sobre diferentes temas en Facebook o me comunico e interactúo en el correo electrónico; aunque sin olvidar mi vieja compañera (la máquina de escribir manual Olympia) que de cuando en cuando utilizo en mis escritos, pero que luego traslado a la computadora.

Aunque los viejos sistemas (el telégrafo y en particular el correo epistolar) jugaron un rol importante en las sociedades del momento, ahora las nuevas tecnologías lo han superado y, han llevado a la vida de las personas mayor facilidad y satisfacción, a pesar de las críticas negativas sobre estos sistemas modernos, como la individualización de la persona humana al convertirlo caso un esclavo de su celular, enviando y recibiendo mensajes de texto u observando y participando en las redes sociales, lo que parece más un asunto de comportamiento personal que afecta a los jóvenes porque ellos es la moda.

En mi caso particular, no he sustituido mi conducta social y familiar por la dependencia digital, sino más bien la utilizo como una herramienta de satisfacción de necesidades comunicacionales y de felicidad en mi vida cotidiana.

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