La Palabra
Autora: María José Calatayud Ponce de León
Primero fue el aliento -una señal del aire- ese toque invisible que se posa en la piel y después, solo un eco que se abriera a los límites de veranos e inviernos, de mañana y de ayer.
Te amo palabra, como el seno profundo que alimenta la tierra arma sus creaturas.
Amo ese momento en que te hice mía, dúctil entre mis labios, quimera entre por lo ríos exactos de mi pulso, hasta hacerte un latido de sílabas perfectas.
Palabra, cautivaste mis noches y mis días, bandolera de sueños y amante espina ¡te llevo en mí! asciendes a mi boca y en mi voz te acuno, con mi voz te defiendo y en mi llanto te ahogo.
Te descubro en mis mares y eres peces y olas, las arenas y azules caracolas del sal.
Y en la tierra fecunda eres todo el paisaje, verde fresco de huertas y dorada en la mies.
Y te llamas la curva del remanso del río y el revuelo de pajaros sobre un iris de estrellas.
Te invento cuando amo y el amar eres carne, eres labio, eres sexo, el confuso misterio de placer y dolor.
En el grito me callas cuando el odio me arde y me vuelves libélula consumida en tu luz.
Y eres rezo palabra, o blasfemia o prejuicio, prisionera sin culpa de quien usa tu voz.
Y perdida, me encuentras y desnuda, me invocas con toda la crudeza de tu sílaba amarga.
Y palabra, te amo, porque rota en cristales de armonías y acentos en el surco que hoy labro has sembrado tus versos.