Poesía Extranjera

Salmodia esperanzada sobre el hombre

Autor: Leonardo Aragón Marín
País de origen: España

Algún hombre de ahora, sabio y modesto,
se sabe en su alma hijo de un titán.
Mantiene en alto el fuego de la antorcha
sobre una piedra tersa, brillante y transparente;
evita el delirio y enmudece la ceguera del mundo.
No teme a la tormenta.

Se hace preguntas con frecuencia,
descubre la hondura de la que la verdad y la palabra nacen;
descubre el dolor, que a veces da el saber
y no le muerde el alma.
El premio a sus preguntas es un camino que nunca se cierra
y discurre más allá del horizonte;
es una luz ante la que cualquiera se estremece,
va más allá de la respuesta a la emergencia.
Pues la verdad de lo que es no aparece de inmediato,
y brilla luminosa al paso de las horas y los días.

Ese hombre eres tú y cualquiera, y cada uno.
Se nutre de la verdad que nace de su entraña,
goza y mira de soslayo a la insidia,
está sereno y ante los peligros no tiembla,
en su rostro se vislumbra la dicha,
aunque el dolor le hiera muy adentro.
Hasta los dioses temen su mirada.
Medita y actúa desde la sensatez del riesgo,
desde la hondura del amor a lo humano
sus decires y palabras son diáfanos.
Es como el árbol a la vera del regato;
en silencio, todo lo que inicia,
da el fruto que en él reposa desde siempre.
Busca la sabiduría que bulle en lo hondo de su alma,
y da holgura al pensamiento.
Mora en la sabiduría y acampa en su heredad.
Mora en la sabiduría y abre su cerebro,
confía siempre en que su esfuerzo nunca será inútil.

La luz de la sabiduría mana de la hondura del corazón
y da más más alegría que la abundancia de las cosas.
En su paz duerme y en ella reposa.
Temprano se levanta y ante ella espera;
pronto en la mañana, siente su aliento y escucha su voz,
lúcido se prosterna en la morada del saber,
en él confía siempre.
El saber lo guía y allana su camino.
Su fuerza lo rodea y lo protege.

A pesar de su brío,
gime algunos días el hombre sabio,
su cuerpo es una llaga de ansiedad y de angustia.
Esos días sus ojos se apagan de tristeza,
por la noche sus lágrimas inundan el lecho,
su rostro se endurece y grita contra el mundo,
denuncia a los obradores de engaño,
a los que cambian los nombres de los hechos y las cosas
para esconder su maldad,
a los que mienten sobre el discurrir del río de la vida
y ocultan la falsía, la injusticia
y el despojo que sufren los humildes.

Pero, aunque a veces se arredre, ese hombre confía
que el titán que reposa en cada uno
siempre despertará del sueño en que lo sepultaron
unos dioses de sangre,
unas murallas construidas de fraude,
o su propia mezquindad.

cierre de obras