Poeta, vuelve a las escaleras
Autor: Jesús Arenas HernándezPaís de origen: Venezuela
La noche estaba fría y la calle solitaria. En las escaleras los doce chicos rodeábamos al hombre de saco viejo, pelo largo y amable sonrisa. En cada palabra cerraba sus ojos, Encogía la ternura en sus solapas arrugadas, revisaba sus uñas que la luz de la calle hacia brillar. Nos observaba estacionando su mirada en cada uno de nuestros rostros; tomaba un aliento largo y se sumergía en un sueño. Extraía de su bolsillo un papel ajado, y se convertía, por arte de magia, en un poema su expresión; su corazón latía en paraísos y recitaba versos con un sentimiento profundo que nos estremecía.
Departía sus letras en racimos de soles y cantos en do mayor.
En su tono sobrio, mesurado, grave y melancólico confesaba que declamaba a Neruda, a Rubén Darío, Lorca y Vallejo; su preludio era un ligero carraspeo insinuante. La tertulia nos convencía de estar frente a un poeta de calle, poeta olvidado por las elitescas castas absolutas de la poesía, dueñas de las editoriales y de los contubernios enclaustrados.
Nuestros padres y vecinos vigilaban con sigilo al maestro peregrino de los trapos viejos, sentado en el borde de las escaleras, que inventaba estrofas de azúcar que las esparcía en la brisa de los atardeceres de mi barrio humilde.
Hablaba de cielos donde existían estrellas de mariposas, cantos de ruiseñores, galaxias lejanas habitadas de poetas.
Un dia, recuerdo que su voz estaba triste y sus ojos ausentes, envolvió un trozo de pan en los periódicos viejos que sostenía debajo de sus brazos, recitó Angelitos Negros y la Sonatina; calló de repente. Sin decirnos nada, ni un adiós; se alejó por la calle arriba, la misma por donde había bajado aquella tarde de un lunes. No volteó a mirarnos; nos miramos callados, no sentíamos deseos de comentar su partida. Algo, muy adentro, nos agobiaba de tristeza. Su figura se perdía tras las escaleras y la cuesta.
Aunque ninguno dijo nada, estoy seguro que también lloraron al poeta solitario; que tampoco pudieron dormir aquella noche.
Cuando un poeta se nos va, se lleva una parte de nuestras ilusiones.
Todas las tarde bajábamos a las escaleras, taciturnos, esperando su regreso. El chico más avispado dijo que quizás, andaba buscando poemas en los arcoíris de sus sueños, lo llamaron las musas que también eran poetisas extraviadas. Mi madre me consoló diciendo que así era el alma de los poetas...viajeras eternas, incomprensibles a veces: Búscalo en los libros de la biblioteca, tal vez los està esperando dentro de algún poemario...yo lo buscaba entre las nubes porque presentía que un poeta siempre viene de lugares extraños, repleto de luces y de fantasías
Hoy lo veo multiplicado, bañado de poemas y cantos, cubierto de amor, con una prosa realenga bajo el brazo, sentado en las escaleras, rodeado de libros, amaneciendo versos, musitando a solas.
POETA: Si estás en el aire duplica tus alas y vuélvete sol, si estás en el mar vuélvete sirena y manantial, si en el cielo: ángel, si en la tierra: ¡regresa!... tu mundo no ha muerto, vuelve con tu poesía y sus locuras. Te necesitan los doce chicos de las escaleras.