Poesía

Y la noche...

Autor: José Francisco Quirós Mena

Y la noche se vestía con los trapos
que dejó la tarde colgando del último arcoíris
Nada se me olvida, los recuerdos
navegan en el silencioso mar
de la memoria.

Miramos adentro del recuerdo
para reconocernos expectante
ante una realidad que se agota en la mirada,
mientras el grito se desparrama
sobre la hoja teñida
de silencios.

Amanecemos bajo el mismo cielo
la luna insinuada en la lejanía
con asombro de estrellas arañando.

El mismo sol entibia nuestros cuerpos
tendidos sobre sabanas lunares, lunáticas
y terriblemente extraños en este universo
de fango.

En la misma brisa
la que nos arrebata el vocablo
y los silencios
mientras el aliento se cuela
como bruma por entre los ojos.

El piso se mueve
y las rocas primigenias se rompen
como tul amanecido
entre dolores
y cuerpos masacrados.

Amanecemos
y en mitad de la calle un tumulto de gente
como un circo,
realiza maniobras de sobrevivencia
a un maniquí perverso
y sangrado.

Los ojos que contemplan el celaje
no son míos, ni tuyos, ni de ellos
y se parecen a otros ojos
que tampoco son de aquí
y no nos pertenecen.

¿Cuál rostro habré de contemplar mientras huyo
si la luna no tiene rostro, ni cuerpo, solo alma, y sin embargo
parece que camina a nuestro lado
y como sombre nos sigue, inevitablemente,
a todas partes?
Amanecemos y el mar nos baña
con su espuma
y mientras las olas huyen
transformadas en duendes
arrebatan la salinidad a las gaviotas
dejando su plumas extendidas
cual celaje multicolor.

¡Oh arcoíris inconcluso en medio de los ojos!
Como el espejo que refleja irrealidades.

Como la simiente que se abraza a la roca sin esperanza
así amanecemos para continuar
por el camino que iniciamos
con arpegios y gorjeos
cicatrizando en nuestra herida.

No fornicamos en la noche blanca
ni en la soledad de una cama inconclusa;
teníamos un cansancio pegajoso
y amplio como la sombre de un árbol.

Y era la luna un coctel de murmullos
Y gemidos que escapaban de la copa
de los besos
con un asombro de espinas
que no caben en la mirada.

Afuera la lluvia lo mojaba todo
mientras el lodo entumecía los cristales
reflejados en los charcos luminosos.

Todo parecía oscuro, silencioso,
debajo de la cama donde escondía
mis temores.

cierre de obras