El legado del abuelo

Autora: Estela Victoria Tamer Nader
País de origen: Argentina

Bajo el tupido parral de la quinta dos manos huesudas, temblorosas, mecen el sillón de hamaca. Se aferran a él con la misma fuerza que a esa, su tierra.

De su Italia natal había llegado muy joven, con apenas veinte años. Traía de equipaje una valija paradójicamente liviana de pertenencias, pero cargada de sueños. Hizo todo lo que sabía hacer y lo que no aprendió.

Abrió surcos en la tierra... y mientras dejaba caer en ellos las semillas iba sembrando sus ilusiones. Así pudo comprar un pedazo de tierra en este país.

El tiempo se encargó de poner hitos en su vida. Apareció Carmen, la mujer que compartiría todos sus desvelos. Luego el nacimiento de sus hijos.

Carmen se aproxima al sillón. Lo observa - ¡qué viejo y agobiado está con su enfermedad! Le llama la atención verlo tan quieto y, dulcemente, le dice:

- ¿Estás durmiendo, viejo?

- ¿Desde cuándo en esta casa, se duerme hasta las diez de la mañana?

-¿Y, qué estás haciendo inmóvil con los ojos cerrados.? ¿Acaso estás meditando?

- No, estoy leyendo.

-Viejo querido, ¿me quieres tomar el pelo? Te conozco tan bien. En toda la vida lo único que leíste fueron los diarios y de ellos las noticias sociales y económicas. Siempre decías que esto era suficiente para estar bien informado.

Don Antonio, un tanto agitado, le responde: - no me dejaste terminar. Estoy leyendo, en silencio, el libro de mi vida.

-¡Qué misterioso estás hoy! todavía parece que sigues durmiendo o, mejor, soñando.

-¿Soñando dijiste? Creo que esa es la verdadera palabra.

¿Recuerdas, Carmen, el nacimiento de nuestro primer hijo? Mariano, el hijo que satisfacía mi orgullo de hombre. Luego María del Carmen, nuestra niña adorada

-Tengo presente los árboles que pusiste en la finca con el nacimiento de ellos. Con Mariano, elegiste un álamo. Él debía crecer con fuerza por dentro y por fuera al igual que el árbol. Por la niña, María del Carmen, elegiste el naranjo porque sus azahares llenarían de belleza y aroma el ambiente.

Luego, las ausencias empezaron a pesar, pero vos, me tranquilizabas:- son jóvenes, tienen ansias de volar.

-No te pongas nostálgico, viejo. El médico te pidió que descanses

-¡Carmen querida! ¡Tantos años juntos! ¿Y todavía no me conoces de verdad? Ven, arrima una silla, hay una idea en mi cabeza que no me deja descansar. Busco un final para la historia de mi vida, algo que me permita morir en paz.

- ¡No sé por qué hablas así, Antonio!. Tu vida es un ejemplo de honradez y de trabajo que a cualquiera llenaría de orgullo, ¿o, acaso, no te sientes feliz con tu familia.?

- Es lo que más quiero. Por eso deseo dejarles algo a mis nietos que les sirva de ejemplo.

-¿Por qué a tus nietos ?

-Porque ellos saben de mis sacrificios y quiero que aprendan a valorarlo. Escucha con atención. Por ahora nadie debe saber nada de esto. Confío en tu silencio y complicidad. Se trata de tres pequeñas cajitas que dejé guardadas en un cofre en en nuestro dormitorio. En cada una de ellas hay una carta y un presente para mis nietos. Quiero dejarles algo valioso.

- Sinceramente, ésta debe ser otra de “tus locas ideas”.

Una mañana, Antonio no se levantó. El sillón debajo del parral dejó de mecerse, Después de los funerales, la abuela recordó la promesa hecha a su esposo y entregó a cada nieto la cajita y la respectiva carta.

Los tres jóvenes ya habían estado especulando sobre la herencia que les dejaría el abuelo, Se miraron. La sorpresa era tan grande que no podían articular palabra alguna. Pasados unos segundos, el mayor rompió ese silencio tan tenso.

- Si el abuelo quiso hacernos una broma hubiera buscado otra cosa.

La abuela, con los ojos llenos de lágrimas, intervino. – El abuelo Antonio sabía de antemano que ustedes, aunque son muy inteligentes, no descubrirían el significado de lo que contenía cada caja, por eso les dejó también una carta.

Carlos, el mayor, se sentó debajo del parral, lugar preferido del abuelo para empezar a leer su carta:

“Querido nieto, no te reprocho que te sorprendas o más aun te rías por lo que contiene tu caja.¡ Para ti debe ser algo tan insignificante!..¿Alguna vez pensaste en la fuerza de la herencia? Ella siempre está presente en los seres vivos. El contenido de tu cajita es un vástago que se siente orgulloso de sus progenitores. A su debido tiempo puede echar raíces y conservar en su savia el ímpetu de sus ascendientes”.

El otro nieto, Fernando, bajo la sombra de un limonero, leía y releía su carta sin comprender nada.

“¿Sabes por qué, Fernando, te dejé esto que tanto te sorprende? Porque es sinónimo de vida y vos sos eso, cabecita loca. Es siembra de amor. Es belleza en el campo, es cosecha de sueños, de esperanza que proclama cómo nace la vida.” Fernando sostenía con cara de asombro la espiga de trigo entre sus manos.

Marta, la única nieta mujer, sentada cerca de la abuela miraba el contenido de su caja y leía emocionada hasta las lágrimas el mensaje que encerraba esas letras grandes y desparejas de su querido abuelo, mientras miraba una y otra vez la bolsita amarronada.

“Nieta de mi alma, te regalo un cofre de vida, silencioso, pero no por ello incapaz de reaccionar cuando la aventura del hombre la destruye o daña. Si aprendes a comunicarte con ella es muy sensible y te gratificará a manos llenas. Cuídala, como yo la cuidé, y enséñales a tus hermanos que si ellos te ayudan a conservarla nuestra familia siempre seguirá unida...”

Cuando los tres jóvenes volvieron a reunirse, sus rostros tenían otra expresión. Ya no se reían del legado del abuelo, por el contrario se unieron para armar el rompecabezas ideado por don Antonio con tan sólo tres piezas.

Algo más quiso decirles. Intrigados por descifrar el mensaje decidieron buscar en cada carta las palabras que les parecían claves. En silencio, cada uno indagó en sus cartas las palabras que servirían para descubrir esa incógnita del abuelo.

Marta eligió cofre de vida, unidos, gratificación; Carlos, fuerza de la herencia, echar raíces. Fernando, por su parte, vida, siembra de amor, cosecha de sueños, esperanza.

Ahora nos queda relacionar palabras y objetos. Cada uno tenía en sus cajitas el regalo del abuelo. Un objeto vacío de importancia si no lograban descifrar el significado.Fernando miraba y remiraba su espiga

Marta, acariciaba su bolsita de tierra con los sentimientos puestos en el abuelo mientras Carlos observaba una rama de planta de vid, un vástago, un sarmiento mudo. Los nietos tomados de la mano creyeron encontrar la punta del ovillo que les aclarara el sentido del mensaje del abuelo.

Entre todos intentemos nuevamente una explicación

-Para vos Fernando, ¿que te dice la espiga?

Pienso en lo que siempre me decía: no quisiera nietos irresponsables. Con la espiga se hace la harina y con la harina el pan, es como decirme trabajá y estudiá para ganarte el pan, si quieres triunfar en la vida.

¿Qué significa ese vástago según vos, Carlos? Que cuidemos esta tierra y los parrales que tanto quería el abuelo, así seguirán aquí y sus ramas jóvenes podrán llevar esa herencia, de la cual él nos hablaba, a otras tierras para repetir una y mil veces el milagro de la vida.

En cuanto a vos, Marta nieta querida como siempre te decía ¿por qué la tierra? Porque la tierra era todo para él: Ilusiones, sueños, realidades. Las plantas que en la finca hay eran su orgullo. Allí estaba guardada la fuerza de la herencia de la que tanto hablaba y no lo entendíamos.

La abuela Carmen que hasta ahora estaba en silencio, los ayudó a completar el recado que el abuelo les dejó: - “Creo que el abuelo en la simplicidad de su lenguaje quiso decirles que si hay espigas hay harina y pan caliente en la mesa familiar y si a la tierra la cuidan, como él quería a las plantas de su querida finca seguirán brindando su sombra cuando se encuentren en este refugio de paz y de amor. Con una leve sonrisa y mirando al cielo exclamó: ¡ahora sí, Antonio tu historia tiene el final que tanto deseabas.

cierre de obras