El misterio del tiempo...
Autor: Eduardo Sánchez Sánchez
El periódico del mes en curso, informa de la muerte de una mujer, tras saltar al vacío desde un segundo piso. La policía se manifiesta intrigada por el informe del forense, según él, la señora fue atacada por alguna bestia con garras muy afiladas, antes de lanzarse al vacío, aunque en la habitación no se encontraron huellas de tal bestia.
Adán, consternado por la noticia del fallecimiento de su tía Eva, le genera duda la Manera tan violenta en que ella puso fin a sus días. Era una intelectual, graduada en una de las universidades más prestigiosas del continente. Filántropa por convicción propia, dispuesta a apoyar las campañas de bien social. Sentado en un sofá de la funeraria, se resiste a aceptar el triste final. Amigos y familiares le expresan sus condolencias y tratan de hacerlo entender que esas decisiones, pueden ser tomadas por cualquier persona, sin importar su clase social o su escolaridad. En su interior crece la idea de lo paranormal.
Varios meses después, obsesionado por encontrar algo que ayude a esclarecer la tragedia en su obsesión, se dirige a la casa de su tía, ingresa a la alcoba y escudriña cada rincón del lugar.
Sobre la alfombra, observa un libro de tapa negra, al juntarlo se percata de que no tiene título y que no hay nada impreso en ellos. Entre sus páginas encuentra un recorte de periódico y una nota que empieza a leer:
(Estimada Eva, le informo que el reloj, aunque parezca extraño, aún sin agujas Marca las horas, aunque lo hace al revés. Será una buena adquisición. Pronto se lo llevaré. ¡Está preparada!)
Lo leyó una vez más, no teniendo sentido para él, lo devolvió a su lugar.
Dos portarretratos colocados boca abajo sobre la mesa de noche, llamaron su atención, volteó el primero, era el retrato de su tía, lo colocó en posición, al voltear el segundo, sintió escalofríos, era un hombre sin rostro, vestido con ropas similares a las suyas, pero muy ensangrentadas.
-¿Quién será este hombre? -se preguntó en voz alta.
-Tú, tú, Tú, tú...-alguien le respondió.
A sus espaldas, el batir de alas de un ave, que no logró ver y la respuesta inesperada, hicieron desfilar en fracciones de segundo, miles de pensamientos tenebrosos.
Dejó caer el retrato, respiró profundo como para calmar sus nervios y se volvió lentamente, hacia donde creyó provenía aquella voz, quedando de frente a un viejo reloj de pared. Un cucú, con figuras talladas a mano, entre ellas la figura intimidante, de una bestia de fulgurantes ojos rojos, custodiada por dos cuervos negros. De pronto una puerta se abre y aparece una figura con una guadaña en sus manos y con voz fuerte sentencia:
-Tú, tú, Tú, tú...
Una profunda oscuridad y el olor a muerte invadieron el cuarto.
Feroces gruñidos, gritos lastimeros, el cucú marcando la hora y el ruido de cristales al romperse en mil pedazos, se apoderaron de la escena.
La luz del nuevo día ilumina el lugar, todo luce en orden, únicamente que los retratos de Eva y Adán, lucen mucho más jóvenes.
En la Comisaría, Juan Vives, detective encargado de la investigación, se encuentra redactando un informe final.
Aunque la muerte de Eva, fue similar a otras sucedidas en la ciudad, diez en total si mal no recuerda, la falta de tiempo para conseguir evidencias y lograr alguna conexión entre ellas, lo induce a cerrar el caso.
El anuncio de una nueva muerte en la casa de Eva acelera su ritmo cardíaco, de un salto se pone de pie y se dirige a toda prisa al lugar.
Luego de las diligencias de rigor, se recuesta en la cama de Eva; habla en voz alta mientras escudriña detenidamente la escena:
-¡Es extraño, dos muertes en el mismo lugar! Anoche un hombre, que al igual que su tía, sufre profundas heridas y luego cae por la ventana. No hay huellas de animales salvajes... de pronto, su mirada se detiene sobre un espacio vacío en la pared- Inmediatamente trata de recordar el objeto faltante,
-¡Claro! El viejo reloj ¿Dónde está? ¿Quién se lo llevó?
¡No hay duda ha estado presente en todas las muertes...!
Los sucesos ocurridos en esa mansión, hicieron que la misma permaneciera deshabitada para siempre.
En algún lugar, en la sección de avisos del periódico, se publica lo siguiente:
(Anticuario posee reloj cucú, recién llegado Muy antiguo, tallado a mano. Figuras con rubíes incrustados en sus ojos. Marca la hora, aunque carece de manecillas Se lo llevo a su residencia)