Entre la vida y la muerte
Autor: María Elizabeth Gutiérrez Chavarría
La vida, ese instante de luz en el espacio- tiempo. ¿O acaso, es eso la muerte?
EliGut Alguien grita angustiado: – ¡PARO! – En un instante todo el personal médico y de enfermería estaba listo y preparado; la adrenalina circulaba rápidamente por el cuerpo de las personas que acudían al lugar del desesperado llamado. Eran las 2 de la madrugada y no había mucho personal. Se apresuró hacía el lugar de donde provenía aquel grito.
Y ahí estaba el paciente, inerte sobre la camilla. Sin trazo en el monitor, sin signos vitales.
Coloca una vía aérea intentando no fallar.
El hombre era enorme, podía pesar más de 100 kilos, obeso, tabaquista, amante de fines de semana de chicharrones y cerveza, repelente al ejercicio.
Duda por un momento si iniciar las compresiones toráxicas o brincar sobre aquella masa inmensa.
Inicia la secuencia de reanimación con las 30 compresiones: 1,2,3…Mientras sus brazos se elevan y bajan en el pecho de aquel cuerpo inmóvil e indefenso, meditaba sobre él. Su familia estaba afuera del salón, podía oír de lejos sus voces de aflicción. Una mujer grita angustiosamente, un niño llora; alguien trata de calmarlos. ¿Le habrá confesado este hombre a su mujer su infidelidad? ¿Les habrá dedicado a sus hijos el tiempo necesario la noche anterior? ¿Habrá besado a sus padres? ¿Tendrá un perro que le espere esa noche? …28,29,30 compresiones.
Alguien recalca: – ¡No hay pulso! – 1,2,3…A esta altura se pregunta si tendrá la fuerza necesaria y se promete volver al gimnasio la próxima semana. Percibe su pequeñez y no solo físicamente. ¿Qué puede hacer el ser humano ante la impredecible inminencia de la muerte? …28,29,30 compresiones.
Y repiten: – ¡No hay pulso! -.
1,2,3…El sudor se desliza por su frente goteando sobre el paciente. Los brazos le empiezan a doler, observa sus manos sudorosas subir y bajar repetitivamente sobre aquel fuerte tórax y parecen extraños a ella…28,29,30 compresiones.
Insisten: – ¡No hay pulso! – 1,2,3…Afuera, la gente que viene a consultar ajena a la tragedia que se libra en ese instante sobre el destino de este hombre, se quejan del retraso en las consultas. Están molestos. Mira al personal, la tensión marcada en su rostro. Algunos dudan… 28,29,30 compresiones.
– ¡No hay pulso! – 1,2,3…Transcurre rápidamente el tiempo. Está en plena batalla, todo su ser en este momento está inmerso en ese hombre y en mantener su vida. Se siente cansada, sus brazos hacen un gran esfuerzo. Piensa que este paciente no sobrevivirá, sin embargo, se niega a darse por vencida. Percibe la sombra de la muerte que espera pacientemente en aquella oscura esquina del salón y le oye reírse de la dantesca escena.
Divaga; ¿Está viendo este hombre el muy famoso túnel de esperanza que conduce a la claridad, destello de luz que narran los sobrevivientes? ¿Revive acaso en un instante toda su vida? ¿Estará pronto en la presencia Divina? ¿O más allá de nuestra existencia terrena, no hay eternidad? …28,29,30 compresiones.
La misma noticia: – ¡No hay pulso! – 1,2,3 … ¿Qué le dirá a la familia? ¿Podrá expresar la penosa noticia? ¿Lograra verlos a los ojos si se rinde? ¿Les explicará, que su padre, esposo, hermano, murió porque no pudo más? El cansancio le hace alucinar y escucha a la muerte burlarse de su penoso esfuerzo. Le vocifera que ha vencido a más fuertes, que, desde el principio de los tiempos, la vencedora es ella…28,29,30 compresiones.
– ¡No hay pulso! – 1,2,3 … Advierte por un momento que no es sudor lo que se desliza en su faz, sus ojos están húmedos y entiende a los que crean una coraza que les impide sufrir ante el dolor ajeno. Pero a ella la empatía le hiere el alma y siente una opresión en el pecho, que no es dolor sino desesperación. Y se da tiempo para orar mientras sigue reanimando…28,29,30 compresiones.
Y alguien grita la esperada frase: – ¡Hay pulso! – Observa un trazo débil pero regular en el monitor: el corazón late nuevamente.
El personal otrora en tensión, sonriente, espera órdenes, los pasos por seguir.
Es solo una batalla, pero al menos tiene una oportunidad.