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Nuestros abrazos

Autor: Jorge Alejandro Naveda Sosa
País de origen: Venezuela

Nuestros abrazos cubren,
todas las dimensiones
del universo y la vida,
cubren nuestros cuerpos,
tocan nuestra piel,

alma, corazón, sentimientos,
nos dan regocijos y alegrías.

Nuestros brazos,
no son solo extremidades,
que abrazan el uno al otro,
son flamas de fuego vivo,
que alimentan nuestro calor,
de un indescifrable sentimiento,
que nació en nuestras miradas
y en nuestras conversaciones,
siendo la pasión que enamora,
ese fuego lento que nos funde,
mezclando nuestras almas

y nuestros corazones.
De eso se tratan nuestros abrazos,

de esa colosal protección,
que al apretarnos mutuamente,

nos brinda seguridad,
sentimientos de cariño y amor,
conectando nuestros pechos

y fundiendo nuestras almas,
indicándole el uno al otro,
con señales de intimidad,
de caricias, besos y pasión:
“sigue adelante vida mía,

que a donde vayas tú, voy yo”.

Cómo no recordar así,
aquel suave y dulce momento,
en que nos dimos el primer abrazo,
el primer beso, las primeras caricias,
esas que marcaron nuestras vidas,
sembrando sentimientos extraños,

insondables, amables,
cálidos, carnales,

códigos de idiomas indescifrables,
de un lenguaje incomprensible,
que solo entendimos,
tu y yo, 23 años después.
Y aunque deambulamos,
disímiles caminos,
recogiendo vivencias distintas,
unas buenas y otras no tanto,
recuerdos imborrables,
de lo que realmente somos,
hoy, al abrazarte cada mañana,
me renuevo en ti y tu en mí,
generando sentimientos locos,
donde estalla la alegría,
tu sonrisa que me da vida,
como el sol al universo,
entregándome la energía,
con la que inicio todos los días.

Hoy, cuando lo cotidiano y la alegría,
incluyen esos abrazos de cada día,

nuestros cuerpos se reconocen,
como antesala al desayuno,

complemento de las frutas frescas,
que con esmero preparo,
cada mañana,

para que junto a nuestros abrazos,
conformen el ritual del día a día,
donde tus brazos y los míos,
le dicen felices al universo,
aquí estamos de nuevo juntos,
no me sueltes nunca más,
bésame eternamente vida mía.

Cierre de la obra