De un hombre con sombrero
Autor: Domingo Hernández Varona
País de origen: Estados Unidos
Un hombre que viene con sombrero, me detiene en una calle que ahora no recuerdo su nombre, y el hombre que viene con sombrero, me pregunta, por si en cuál sitio pudiera hallar una paloma, una simple paloma que volase, incesantemente por dentro de su casa; que el hombre que viene con sombrero, quien me pregunta por si acaso yo conociera, dónde hay tales palomas; se asombra cuando le miro
atónito, sin poder apenas pronunciar palabras, turbado como estaba en ese instante de encontrarme de pronto, en una calle que ahora no recuerdo su nombre, a un hombre con sombrero, levantando en mi conciencia tanta expectativa; finalmente debo responderle, y creo que lo hice negando no saber, dónde aquel hombre con sombrero, podría conseguir una específica
paloma, una paloma cual volase dentro de su casa; y el hombre con sombrero, plantado frente a mí en medio de aquella calle, que ahora no recuerdo su nombre, me miró fijamente como si ahora
naciera; encendió un cigarrillo, lanzó la cerilla, que se deshizo en carboncillos sobre el pavimento; me volvió a mirar, como si hubiera vuelto a nacer en un siglo que no fuese el suyo; y al hombre que viene con sombrero, quise indagarle si en realidad existieran palomas, que volasen incesantemente por dentro de las casas; entonces el hombre que viene con sombrero, el que me atajó en una
calle, que ahora no recuerdo su nombre; me dijo que tampoco conocía de la existencia de palomas, de simples palomas que volaran por dentro de las casas; y dijo entonces el hombre con sombrero: –es que tengo una nostalgia de miles de millas, sentada en los sillones de la sala; que un repicar de balances me despiertan cada noche, un repicar que invade el silencio de mi cuarto, y se hunde sin hablar en la bañera, y se mira inquisitivo en el espejo del baño, y pensé entonces que sólo una paloma volando sobre los muebles, posada en el respaldo de mi cama, pudiera hacer transparente esta nostalgia de miles de millas, que me tiende trampas a cada segundo, esta nostalgia que, de tan invisible, muda y persistente, se me mete como cientos de agujas, hasta el mismo corazón de los huesos…