Vitral
Autora: Olga Rivera Monge
La distancia nos agita, la distancia nos convoca;
la distancia siempre es lejos cuando el corazón nos toca,
más si nos llena de habitantes, de momentos, de congojas,
de alegrías y nostalgias, de añorar las cosas locas,
no hay distancia entre los seres, si hay raíces, si hay historia
porque la distancia deja, despoblada la memoria.
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En la mágica risa de un sueño, tu carita dulce se quedó enredada,
con ositos de algodón de azúcar y chupones de luna plateada,
mientras en tus diminutas manos rosadas,
dos ángeles secan sus alas mojadas.
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Que el corazón de dolor está lleno y para ver en sus rojas entrañas,
me abrí el pecho y en mis manos estrujé la víscera,
escurriéndole hasta la última gota de la mágica savia.
Y aún seco en mis manos, el dolor punzaba.
Lo partí en pedazos, laceré sus capas y en vano buscaba
del dolor la carne, porque allí no estaba.
Así seco, lacerado, de nuevo lo tomé en mis manos
y en el pecho encontró la calma.
Fue entonces ¡oh milagro! que el enigma quedó descifrado:
no era el corazón lo que dolía! ¡era el alma!
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Frené mi vuelo con las alas rotas y busqué la tibieza de aquel nido.
Escondí la cabeza entre las plumas para darle cobijo a mi dolor;
cerré los ojos a la noche fría, sin luceros, sin perfume de azahares,
sin canto de grillos de azabache, de flores sin color.
Cerré los ojos a mi desencanto y viajé al país de la esperanza;
soplé burbujas que llenaron de arco iris mi ventana.
Me bañé en la fuente del olvido y formé con estrellas una danza
y terminé tragándome la vida, cuando no quise despertar a la
mañana.
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Voy por sendas de guerra: escuchada la diana parpadea filosa
navaja.
No me detiene la sangre en la lucha ganada.
Voy por sendas de guerra: escuchada la diana la luna de plata
se vuelve acerada; la nube de azúcar, granizo perlado.
Apocalípticas crines aplastan las flores rosadas.
VOY POR SENDAS DE GUERRA: ¡ESCUCHADA LA DIANA!
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Hoy se ha perdido en el ayer; del ayer no queda nada.
Se marcharon ambos en pos de una aventura deshojada.
Cuando venga mañana también se marchará con la alborada
en busca de su ayer desesperada.
Para entonces, en vano soñaré con el ayer, con el hoy, con el
mañana.
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Miré aquellos luceros pequeñitos,
y con risa simulada, acaparé tu atención.
Aquel sonajero escandaloso, vibrante, estrepitoso
a tus pasos vacilantes de emoción estremecidos
a tus manos anhelantes, de mariposas perdidas
por mi ruta conocida, te enseñaron una nueva dimensión.
Poco a poco el sonajero se convirtió en un sonido
necio, necio y aburrido que terminó en un rincón.
Pero sin querer queriendo, con el paso de los años
ya con besos o regaños me convertí con el tiempo
en sonajero dentro de tu corazón.
Y este arrugado remedo sin atrayente sonido
no ha quedado en el olvido de tu maduro inconsciente
y aunque finjas que no escuchas
seré tu sonajero por siempre.
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Mariposa escondida en un capullo, que no puede volar;
con las alas dobladas bajo un velo, que no deja mirar.
Cada día se asoma a la mañana y no puede despegar
y de nuevo retorna a su guarida, hasta el nuevo despertar.
Rompe ya las cadenas de tu encierro,
prisionera que añoras libertad.
solo abriendo tus alas mariposa
¡al fin podrás vola !
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Por calles oscuras vagaba mi alma; sombra acorralada entre
espada y pared.
Exhausta detiene su andar vacilante, junto a un perro seco
que lame la huella,
de sangre marchita de sus rotos pies.
Por las calles rotas, rota iba el alma; vestida de harapos,
regalos de un rey.
Se miró desnuda, con la piel por fuera y torciéndose toda, se
volvió al revés.
Pobre alma vestida, aún sin harapos, nunca serás rey.
Extendió la mano, en son de pregunta y con tierno abrazo yo
le contesté;
me dio mil razones mientras no escuchaba y cantando triste
se enjugó la risa
que guardó en la caja de su corazón.
Navegó por playas de ardientes arenas y no había agua en
todo ese mar;
con la caracola puesta en el oído, escuchó las olas que no vio
jamás,
mientras se arrullaba con las tempestades que hacía su barca
en la soledad.