Relato de Experiencias

Mi derecho a la participación como Persona Adulta Mayor

Autora: Gladys Elizabeth Trigueros Umaña

Mi derecho a la participación como adulto mayor: la comparo con el vuelo de la mariposa: con sus altibajos, para lograr ser considerada útil por la sociedad, una sociedad en la que al llegar la persona a los sesenta y cinco años, la apartan de la vida como si fuese un trasto inservible.

Como la mariposa que inicia su proceso de metamorfosis, así me inicié en el camino de mi lucha por mi participación como adulto mayor en el peregrinaje que me llevó a incursionar en el área de lo cultural y del envejecimiento. No fue fácil para mí, comprender que comenzaba una nueva etapa de mi existencia, la vejez, la cual para la mayoría de personas e instituciones ya no tenía cabida, por ser ésta, un proceso de finalización, debido al deterioro físico, mental, sexual y otros aspectos más que conlleva la Tercera Edad. Ante este dilema, ser o dejar de ser alguien, tomé aliento y empuñé el estandarte del vuelo de la mariposa y me dije: Aún no has finalizado tu labor, tienes mucho que dar, vuela y demuestra que tú puedes dar más de ti y en otros espacios en los que todavía no has ingresado y demuestra que como adulto mayor no eres un objeto desechable y no se te debe dejar a un lado sólo porque ya llegaste a la plenitud de tu vida.

Y, como una oruga, comencé a tejer el capullo que me envolvería en la nueva fase y así, formé parte de grupos de personas que ya habían dejado su trabajo por estar pensionados o jubilados para buscar mejoras en su calidad de vida. Tarea difícil luchar contra la misma sociedad que taponea salidas y sella entradas a nuevos caminos pero sí llenaba mi corazón de orgullo cuando se lograban conquistas para el mejoramiento de pensiones y en actividades de salud, recreación y otras, para el adulto mayor en general.

Al mismo tiempo, sentí el enorme deseo de llevar mis conocimientos a los ciudadanos de oro de mi comunidad, pues en ésta, no había un solo sitio dedicado a ellos ni en ningún otro pueblo vecino. Y ¿por qué no hacerlo? Era mi derecho también, de llevar a otros lo que yo pretendía para mí: participación y mayor autoestima. Y así, inicié mi proyecto, en el año dos mil seis, con la fundación del primer grupo de doce adultas mayores, doce bastiones, mujeres luchadoras en una comunidad de pocos recursos económicos y sí, tuvimos que enfrentarnos a la crítica machista que nos llamó: “viejas vagabundas”, “busquen quehacer en sus casas” y sólo un varón llegó después a formar parte pero pronto se retiró por la pena que le daba estar entre tantas mujeres y las burlas de otros. Sin embargo, ninguna se amilanó y seguimos adelante. Fue hermosa la unión que hubo en el grupo y para ese entonces, acudí a AGECO, que nos brindó su apoyo, mediante asesorías y servicios en distintos campos para nuestra organización.

El internet fue una de las armas que más utilicé en la búsqueda de materiales y actividades que nos enriqueciera y ampliara nuestros conocimientos para sensibilizar y socializarnos con nuestra identidad. El esfuerzo no fue en vano y aunque, actualmente, no coordino el grupo, éste creció y en el presente, consta de treinta miembros. A su vez, surgió otro, dedicado a bailes folklóricos, y el cual es un gran ejemplo porque en su mayoría son mujeres de más de setenta años.

Como la crisálida, rompí estereotipos y me propuse participar en otras organizaciones en las que pudiese colaborar con y por el adulto mayor y logré dicho objetivo, aportando iniciativas o sugerencias a nivel nacional e internacional. CONAPAM me abrió las puertas y con ello, he adquirido una amalgama de experiencias como adulto mayor que soy.

El participar en el extranjero, en foros y conferencias no ha sido fácil en lo económico ya que, al no pertenecer a una entidad, debí sufragar todos mis gastos y aunque solicité colaboración monetaria en diferentes instituciones me la negaron, indicando que sus estatutos o reglamentos no les permitían hacer donaciones, sólo hubo una que, me dio su óbolo. Y ¡qué triste fue recibir una de las respuestas diciendo que: “no damos ayuda a pensionados, sólo a los activos, porque pueden venir y seguir trabajando”! Fue un duro golpe pero me dije: sigue adelante, no abandones tu anhelo. Y no me di por vencida. Crucé otras fronteras.

El compartir con personas foráneas y adquirir nuevos conocimientos en la materia fue enriquecedor, saber que en otras naciones, también se daban muchos o peores tratos al adulto mayor me encogían el corazón y en otras, en cambio, daban un alto valor y puesto de honor al considerarlos Consejo de Ancianos y no se tomaba ninguna decisión si no se les consultaba antes. En cambio, acá, en mi propia Patria fui, después de admitido el informe que daría sobre mi experiencia relacionada con el adulto mayor y escogida como delegada, se me desplazó en dos ocasiones, para dar el espacio a otro expositor extranjero y a alguno de Costa Rica pero relacionados con la juventud. Sin embargo, curiosamente, en otras países visitados sí fueron bien atendidas mis intervenciones y ahora, en Costa Rica, ya sí me aceptan, después de luchar, a brazo partido, por participar y representar al adulto mayor en diferentes instancias. ¡Qué satisfacción me produce haber logrado este empeño!

La mariposa vuela. Ya dejado el capullo, descubro que hay otros espacios, en los cuales buscar reivindicación y es en el cultural. Curiosamente, el mismo título del Ministerio de Cultura y Juventud es excluyente, ¿por qué no un Departamento u oficina exclusiva para la atención de la Persona Mayor o el Ministerio de Envejecimiento? o ¿por qué no: el Ministerio de Cultura, Juventud y Vejez? ¿Difícil? Quizá pero no imposible. Así pues, he sembrado en otros, la semilla de esta sugerencia para que, en el futuro, el adulto mayor pueda ser tomado muy en cuenta y se establezca un mecanismo apropiado para su participación en eventos culturales.

Como muestra, un botón. Dejando a un lado la timidez o vergüenza de que al tener tanta edad, se burlasen de mí, me he vestido con ropaje, alusivo al tema de este tipo de actividades y he participado en muchas peñas culturales, en pasacalles, en foros, encuentros y simposios, en donde el abrazo al final es el mejor premio que se pueda obtener, tratando de esta manera, despertar en la conciencia de los demás, la valía del adulto mayor y su capacidad para participar y exteriorizar sentimientos , ideas y facultades ,en las distintas áreas de las artes.

Poco a poco, me fui abriendo campo en lo cultural y la juventud, que conforma colectivos artísticos, me abrió las puertas de su corazón y hoy me siento entre ellos, como una más, una joven de la dorada edad dorada. No digo que todo haya sido color de rosa, no, aún falta más por luchar. Sueño, en mi “Atrapasueños”, con que en el Ministerio de Cultura se cuente con una oficina o un departamento dedicado para atender al adulto mayor, que se le indique cómo solicitar los Puntos de Cultura o Becas Taller y se le ofrezca un mayor abanico de oportunidades.

También, con el paso del tiempo y en este bajar y subir los peldaños del quehacer artístico, busqué a otras personas, con deseos de proyectarse a otros sectores y comunidades, por medio de las distintas formas de comunicación existentes a través de mensajes en la toma de conciencia de la identidad de cada uno como adulto mayor, elevando su autoestima y su derecho de participación en las decisiones y actividades, sin menoscabo de su integridad. Y se formó el equipo. ¿Cómo lo hemos logrado? A través de ratos de esparcimiento, presentación de obras de teatro, lectura de cuentos, poesías, talleres y cantos.

La búsqueda de sueños realizables me ha llenado de muchas alegrías y también, sinsabores, pero me siento muy orgullosa cuando algunas jóvenes me han llamado “guerrera”, “mujer guerrera”. Y sí, sigo luchando en busca de esa meta, a mi alcance, de que el adulto mayor, eleve su autoestima y comprenda que puede participar en distintas áreas y a la vez, se le valore como debe ser porque es poseedor de un cúmulo de experiencias que no se deben ignorar.

Hoy, comparto mis experiencias al externar mi sentir y mi quehacer de varios años y me llena de gozo, al ver el fruto obtenido en este mi vuelo de mariposa: la acogida de mis inquietudes por otras personas y cumplir con mi reto: mi propia valoración en mi derecho de participación como Persona Adulto Mayor.

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