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Relato de Experiencias

Pistoladas del Colorado (Disparates)

Autor: Víctor Julio Méndez Mesén

El tepezcuintle y su método de sobrevivencia En una de esas veces, cuando yo tenía unos siete años, acompañé a mi padre —Víctor Luis— a cazar tepezcuintles. Papá andaba con un perro, un perro siempre lo acompañaba. Ese día se fue a jornaliar allá donde Juan Félix, pero cuando la quebrada estaba muy pesada de agua, tenía que pasar por un palo, quebrada más abajo, y se salía a un charralón ahí en el alto donde Pancho. Ese día, ¡diay!, pasamos la quebrada, y al momentitico, comenzó a latir (ladrar) el perro. Y al momentitico ya yo vi que, venía el perro latiendo p’al bajo, p’la quebrada. Yo me pensé, “ese perro era así”, era muy chiripero, cuando le daba la gana se encontraba un tepezcuintle. ¡Diay! yo me juí con un cuchillillo —♫ Ay Gracias a Dios♫.— ¡Yai! yo me fui con el cuchillillo por el trillillo y cuando llegué a la quebrada, ahí donde había una posa, ya estaba el perro sentado ahí cerquita, latiendo y latiendo. Ese perro le tenía un miedo al agua pero tremendo, entonces lo que hacía era que se sentaba ahí a latir. Ya, yo calculé que sí, que ahí estaba un tepezcuintle. Y cuando vi a papá que venía atrás del perro, estuve más seguro. Entonces me dijo: vaya, váyase allá abajo, y ahí lo puede atirbar (atisbar) que no pase pa’bajo. —Ja, ja, ja.— Y él se quedó registrando la posa, a ver si… —♫¿Qué será el cuento? ♫ ♫El cuento de patio.♫ — Y yo juepuña suspirando con ese susto. Y me fui y me paré en una piedra, como a unas cincuenta varas abajo, donde había como una posilla, y una correntada con un chorrón, ahí pa’rriba. Y estaba así, cuando yo vi un tuco que se hacía así: (gestos) se volcaba pa’ un lado y se volcaba pa’l otro. —♫Diay, ¿qué sería eso?♫— Y yo me dije: que curioso, ¿porqué viene un tuco, a estas horas, hay, si la quebrada no está ni llena? Y en eso me quedo viendo, y me cae la peseta, esto debe ser seguro el tepezcuintle. Y cuando me quedé viendo, vi que era el tepezcuintle que venía haciéndose el muerto. Y cuando ya pasó, sin pensarlo mucho le metí un machetazo, —♫¡Ahh!♫— y se fue al güeco, a un hoyo de la posa, de esas que se hacen en el río. Y yo le gritaba a papá: aquí está el tepezcuintle. —♫¡Ahh!♫ Y él me decía: agárrelo, agárrelo.

—Ja,ja,ja.— Y que, lo iba a agarrar yo, si yo le tenía un miedo tremendo. Y es que, cuando se sienten acorralados se ponen bravos, y son muy escurridizos los juemilp. —Ja,ja,ja,ja,ja,ja.— Y ya se vino papá… —♫y lo agarró, ja, ja, ja. ♫— Y ahí en la posilla como que el agua daba vueltas, entonces el tepezcuintle, —¡Ja, ja, ja, ♫que risa! ♫ El tepezcuintle daba vueltas ahí. Yo lo había trozado casi a la mitad, y ahí papá le dio fin, agarrándolo por las patas y dándole en la cabeza. —♫Me da tanta risa a mi. ♫— Diay, de adónde sacó mi tata… — ♫risa de oír eso. ♫—Diay, papá no fue a trabajar, se devolvió p’la casa, a arreglar el tepezcuintle. Como éramos tan pobres ese día almorzamos, banano verde con tepescuintle, cosa que era una fiesta. Y a mi, se me hacían las patas así… (gestos). Me temblaban. —♫¡Ah, cochinada de hombre! ♫— Ja, ja, ji, ji. Yo. Yo. Yo me meneaba p’que papá no me viera, que estaba temblando. Mi mama me decía: si…

????—♫!!!Ahh♫!!!, ♫eso fue lo que pasó con el tepezcuintle. ♫— ♫¿Y era grande o chiquitillo?♫ Si, era grande. Algunos tepezcuintles son grandecillos, largos, si,si,si. —♫Con razón no se animaba.♫— A bueno, después yo le pregunté a papá: ¿por qué el tepezcuinte venía como muerto? Me dijo: ¡diay!, es que se hacen los muertos, para despistar a los perros,… él piensa que es un tigre que viene atrás de él, él no sabe que es un perro, o… El sabe que es un animal que lo viene persiguiendo. Son muy inteligentes, si, si, si para sobrevivir, se dejan que el agua se los lleve, —♫¡Ah,ah!♫— Ahí se van, y se van donde la corriente se los lleve. Yo al principio creí que era un tuco, que venía ahí en el agua. Pero, después me pensé, por qué un tuco, a estas horas. En eso, miré, y ahí fue que le mandé el machetazo, y ya vi que era el tepezcuintle.

Montados en la carreta por el camino de la virtudes En Marsella de Venecia, los dolores de parto de —Etilma— mi mujer se volvieron más fuertes. Desde las tres de la madrugada, me dijo que le dolía mucho la espalda. Así que como a las cinco o seis de la mañana me fui a traer los bueyes de Paco Mora, ya que mi papá era el bueyero, y que vivían como a una hora de camino de nosotros, y le dije a mi mujer que se fuera alistando.

– Como a las seis de la mañana llegaron Victor y mi suegro?

♫con la carreta y los bueyes, por supuesto. ♫Me subieron en la carreta y ya en el camino yo no aguantaba los dolores, porque la carreta golpeaba mucho en el camino de piedra.

– Diay, ya en Venecia fui a pedirle ayuda a los muchachos de Emilio Vargas que tenían un carro pick up para que nos llevara al Hospital de Villa Quesada. En ese momento, diagonal a la Iglesia, doña Victoria que solía ir muy seguido a la Iglesia y era muy servicial, nos ofreció un colchón para que Etilma se acostara.

– No, no, no fueron los Vargas, es que Víctor no se acuerda.

– Bueno, ya estaba Etilma subida en el Pick Up, cuando Victoria una conocida nuestra, ve que Etilma iba embaraza, acostada, con dolores… Ella nos dijo: que como se nos ocurría llevarla así…, que se esperaran y que ella nos prestaba un colchón. Ella se fue en una carrerita, y regresó con el colchón.

– Lo curioso del caso es que mi hija Victoria, creía que su nombre procedía del nombre de mi marido Víctor, y por eso Victoria. Hasta que un día hablando le dijimos que, gracias a la buena voluntad de esa señora, Víctor había decidido ponerle ese nombre.

– A esa señora Victoria la conocimos mi hermano Manuel y yo, en una ocasión que estábamos recogiendo una vaca en los bajos del Toro, que un arriero la traía desde Sarchí… Y mientras esperábamos, temblábamos del tremendo frío que estaba haciendo. Estábamos todos entumidos y no podíamos dejar de temblar. En eso, esa señora nos vio ahí esperando en ese frío. Entró a la casa y nos hizo una aguadulce caliente con un pedazo de pan. Y yo nunca olvido, ¡lo bien que nos calló esa aguadulce!, porque estábamos muertos de frío.

– Chiripa o no, dos veces esa buena señora nos había socorrido. Por eso decidimos llamarla como ella, Victoria, en agradecimiento. La chancha, el mecate y las muchachas … Yo le pagué la chancha. Después de una media hora me dice: “¡vení acá! Decime así, la pura verdad. ¿Yo le vendí a usted la chancha con mecate o sin mecate?” Diay, ahora sí que… Yai, no, no, no hablamos nada del mecate. Me dice entonces: ¡yai!, entonces me puedo llevar el mecate. ¡Ja.ja.ja! Como después de media hora, Ronulfo se acordó que no habíamos tratado todo sobre la chancha, y el mecate y entonces regresó. Yo creo que, esos Murillo eran muy vacilones, creo que, lo hacían más por vacilar, que por el mecate. Y apenas llegábamos nosotros de Marsella a la Colonia Toro Amarillo, Urías hermano de Ronulfo, decía: ¡Ay juemialma!, hubiera sabido que ustedes venían, hubiera traído las muchachas. — Diay vaya tráigalas, vaya tráigalas. —Diay, no, no, es que no se habían bañado. — ¡Yai!, no importa, no importa que no se haigan bañado. Ja.ja.ja. De feria Urías tenía como cinco muchachas…

—♫Eso fue lo que pasó, que se desmayó♫, termina, Etilma.

Cuento que le sacan a los Santos Una vez que fui de testigo al matrimonio de mi amigo Billo… “Voy a contarles un cuento que le sacan a los santos”, dijo el padre Bolaños: Dos amigos se murieron el mismo día, y de camino al cielo iban pensando, ¿si para entrar al cielo tenían que ser sacerdotes o ser casados? Y tenían esa duda porque los dos eran solteros. Y cuando llegaron al cielo, le tocaron la puerta a San Pedro. San Pedro abrió y ellos le dijeron que se habían muerto y querían saber a dónde les tocaba ir. Y san Pedro les dijo: siéntense en esa banca, ahorita los atiendo. Y al rato abrió San Pedro la puerta, y dijo que pasara uno. Y San Pedro dejó la puerta media abierta y le preguntó al primero que si era casado o soltero? Y este contestó jugándosela, que era casado. Y entonces San Pedro le dijo: váyase por aquí, y dando la vuelta, y dando la vuelta y la vuelta… hasta que llegue al cielo. Y el otro que estaba oyendo lo que estaba pasando, se pensó que cuando lo llamaron a él, iba a decir que era casado dos veces, ‘jugando de vivo’, para que el camino fuera más corto. Cuando le preguntaron lo mismo, qué si era casado o soltero, él contestó que era casado dos veces, para según él, irse por derecho al cielo. Y San Pedro le contestó, ja,ja,ja, ¡váyase, directo, directo, directo, a los infiernos por baboso!

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