Muerte y superación personal en tiempos de pandemia
Autora: Ana Cecilia Monestel Montoya
El inicio del 2020, comenzó pintando bien para los ticos, planes y proyectos estaban por concretarse en mi vida personal. Tras muchos años de soledad, tenía la certeza de que mi vida iba a cambiar este año al lado de Abelardo, el español que había sido el amor de mi vida por más de 22 años y que por diversas circunstancias de la vida, no habíamos podido estar juntos. Con los adelantos tecnológicos, Abe y yo conversábamos a diario, el del universo del que tantos temas y libros había escrito durante su carrera como escritor, yo mostrándole siempre fotos de nuestro bello país del que él se había enamorado y donde pensaba radicar conmigo apenas estuviera más recuperado de una afección que tenía hacía años en sus pulmones a causa de fumar durante varios años, el vicio lo había dejado, pero su organismo ya mostraba secuelas irreparables.
Qué como nos conocimos…fue algo extraño, recién empezaba la era de las computadoras y la internet, me gustaba los fines de semana buscar información de otros medios de comunicación, leyendo un día un artículo de Abe, escribí para felicitarle por la nota que había escrito sobre los Agujeros Negros del Universo y contándole que también trabajaba para un medio de comunicación de mi país. Mi sorpresa fue mayúscula cuando un día mientras trabajaba, llegó la compañera encargada del fax del exterior. Solo me dijo, te mandaron esto de España. El texto decía “Gracias por sus palabras, le saluda Abelardo Hernández, veterano periodista de Radio Nacional de España y TVE, soy un verdadero amante de la democracia de su país, me gustaría que fuéramos amigos, te mando un beso a la distancia. Si me escribes estaré feliz y si no, igual te quedas con el beso de recuerdo, esta es mi dirección de correo…”
Lo pensé algunos días y luego me decidí a escribirle. Le conté un poco de mi familia, lo que me agradaba hacer y algunos aspectos personales. La química fue inmediata, a veces no nos escribíamos a diario por su trabajo o por el mío y además, había que calcular la diferencia de horario entre España y Costa Rica que eran unas ocho horas.
No tenía la más leve idea de cómo sería Abe físicamente, pero eso no tenía mayor importancia para mí, poco a poco nuestra amistad fue consolidándose más y más, luego empezaron los galanteos y ya nuestra amistad se fue convirtiendo en un sentimiento más profundo. Él y yo, siempre teníamos temas interesantes de qué conversar y él fue un apoyo incondicional durante mis años de estudiante de periodismo. Los años fueron pasando y la tecnología mejorando, luego pudo enviarme su fotografía y la de sus hijos, nuestros encuentros en el ciberespacio empezaron a ser más frecuentes y más románticos también pues empezamos a tenernos mucho cariño.
Abelardo estaba por jubilarse y él tenía pensado venir a conocerme. Fue toda una expectativa, nuestro encuentro fue muy bonito y romántico, superamos las expectativas que sentíamos el uno por el otro, meses después, yo fui a España, conocí a sus hijos y su casa en las cercanías de Madrid. A mí me quedaban más años por jubilarme así que por mutuo acuerdo decidimos respetar nuestros espacios pero sin cortar la comunicación entre ambos.
Llegan malas noticias…Abe tenía meses de sentirse mal de su barriga, le hicieron exámenes y no arrojaban nada, luego de que le hicieran un examen completo del colom , el resultado no fue lo esperado…pólipos cancerosos, le quitaron unos con láser pero otros ya estaban avanzados, había que someterse a una cirugía más complicada, así lo hicieron los cirujanos pero tuvieron que tomar la decisión de quitar su ano, cerrarlo y hacerle una colonoscopia para que pudiera sobrevivir. La recuperación fue sumamente lenta, más de 3 años, ya no quería hacer más viajes por temor a la bolsita que siempre debía colocarse en su estómago para depositar sus heces. Estuvo mucho tiempo irritado y deprimido pero aún así, siempre fui su soporte y poco a poco fue superando tratamientos severos con quimioterapia a fin de eliminar cualquier célula cancerosa que hubiese quedado en su organismo.
Llegaron tiempos mejores, Abe más animado y yo a tres años de jubilarme. A pesar de no poder estar juntos, nos hablábamos a diario, conocí en ese lapso de tiempo a sus nietos y cómo iban creciendo, mientras tanto, él escribía artículos científicos y pudo terminar otro libro “La mente puede sanar o matar”, yo en mi país seguía trabajando y realizando paseos por cuenta propia a diferentes lugares del país los fines de semana. La fotografía de la naturaleza es para mí lo máximo y a Abe le encantaba la idea de que luego escribiera sobre los lugares que visitaba y adjuntara las fotos para que otras personas dentro y fuera del país, se enamoraran como el, de las bellezas de Costa Rica. Y llegó en el 2016 mi ansiada jubilación, Abe todavía no se sentía capaz de subir a un avión así que yo decidí ir a verlo un mes, fuimos a Toledo que siempre habíamos planeado conocer, luego nos regresamos a Málaga, otros lugares de ahí y Granada. Esta vez, empezamos a construir nuestro sueño de estar juntos lo que nos restara de vida. Otra mala noticia. Abe tuvo un requebranto en su salud, esta vez fueron sus pulmones, habían colapsado a causa del fumado, el pronóstico no era bueno, le diagnosticaron un mal incurable así que en adelante iba a tener que vivir con varias crisis y más internamientos en el hospital.
De nuevo fue como empezar de cero, muchos medicamentos y cuidados especiales sobre todo en época de invierno. Aun así, seguíamos unidos a la distancia, siempre me animaba y decía… Tan lejos y tan cerca, nuestro amor, está escrito en el universo, así se llamará el próximo libro que escribiré.
Di un giro a mi vida y decidí dejar la ciudad, ya estaba gozando de mi jubilación y nada me impedía escoger un lugar más tranquilo para vivir, les hablé a Abe y a mi hijo de lo que pensaba hacer, ambos estuvieron de acuerdo conmigo. Años atrás, me gustaba venir a vacacionar al pintoresco cantón de Tilarán, uno de mis sobrinos me dio posada unos días para buscar alguna casa que alquilaran, luego de analizar varias opciones, me decidí por una casa bastante cerca del centro de Tilarán, desde ahí, podía desplazarme en el carro a otros cantones de la provincia de Guanacaste y las playas. Aparte el clima era más caliente y me iba a ayudar a curar mis continuas crisis de asma. Abe estaba encantado con el lugar cuando le envié algunas fotos, a él siempre le había gustado el mar Pacífico que no hay en España y le agradó sobremanera las fotos del lago Arenal. Ahora si, empezamos a hacer planes más concretos, sus ahorros alcanzaban para comprar acá o en Panamá una buena propiedad y pasar juntos lo que nos restara de vida. A inicios de diciembre del 2019, un fuerte resfrío obligó a Abe a recluirse una semana en el hospital, ya se empezaban a pasar noticias en Europa y esporádicamente acá sobre extrañas muertes de personas a causa de un virus que estaba matándose personas en un pueblo de China. Abe estaba algo inquieto con las noticias, ya había escrito otras veces temas relacionados con virus peligrosos. Seguimos hablando de nuestros planes y no le dimos más importancia al asunto, continuamos analizando varias propuestas de propiedades que habíamos visto en Panamá y cerca del Lago Arenal.
Antes de que llegara Año Nuevo Abelardo se subió a una pequeña escalera a quitar los adornos de navidad, ya contaba con 68 años y sabía que su salud era ahora más frágil. Recibo un mensaje desde su wassap: “Cariño, me rompí la cadera u una muñeca, otra vez en el hospital “, de nuevo tuvo que pasar por el quirófano, un amigo en común me mantenía al tanto de su salud. Pasó enero, en febrero seguía él con fisioterapia. A finales de marzo del 2020, su último mensaje fue el siguiente:
“Cariño, estoy bien, me duele todo eso sí, tengo cositas todavía por solucionar pero no tengo ninguna enfermedad grave que me vaya a fastidiar, estoy bien y solo tengo un leve dolor de cabeza que no se va pero vamos, no pasa nada mi ángel de luz, quiero que estés tranquila y que ya hablaremos seriamente porque siguen en pie nuestros planes, hasta pronto amor…te amo”
Luego silencio…silencio y más silencio. Su teléfono no soñaba y nuestro amigo no respondía mi correo.
Maldito COVID -19…A los ocho días de no saber nada de Abe, recibí un breve correo de mi amigo Bartolo Lo lamento mucho … El virus se llevó a Abe emprendió su camino a otro lugar mejor, desde aquí te pido que le envíes luz y amor para que su viaje sea dulce y lleno de paz como a él le hubiese gustado “ El resto, ya podrán imaginarlo, muchos días de incomprensión y dolor que no salía con nada y lo más triste para mí, no haber estado a su lado para darle su última despedida. Mi hijo fue mi apoyo durante mis crisis de lloradera, su muerte no la he superado pero sigo pensando que él brilla ahora en algún punto del universo que tanto queríamos los dos y que en algún momento nuestras almas se podrán reencontrar.
¿Los dos meses siguientes fueron peor, ya la pandemia había llegado al país y yo enclaustrada en casa por ser una persona de alto riesgo…Qué hacer para mantener mi mente ocupada y no caer en depresión? Recordé que Abe siempre me motivaba a que nunca dejara de escribir, empecé a publicar notas y fotos de varios lugares que había visitado y por estar metida en labores de voluntariado, había dejado la costumbre de hacerlo.
Mis días empezaron a tener otro sentido y me sentía motivada de ver cuantos amigos y personas que no conocía me enviaban palabras de agradecimiento por las notas que publicaba, muchos de ellos me manifestaban que habían ido a pasear sin salir de sus casas, que la forma en que escribía las notas era tan descriptiva que se sentían transportados a los sitios donde yo había estado. Luz en la oscuridad…Una mañana, salí al pequeño jardín de la casa, era ya el mes de junio y con algunas leves lluvias, habían salido variadas flores silvestres, Abe siempre fue un enamorado de las flores y piropeaba las fotos que tomaba de ellas. De pronto se posó en una de las flores, una hermosa mariposa Monarca, solo dije. Es el espíritu de Abe que cuida de mí, Abe me hablaba de ellas y de las largas distancias que volaban desde Canadá hasta México y en menor escala a Centro América para aparearse, poner sus huevecillos y luego morir.
Al día siguiente dos mariposas Monarca estaban en su vuelo nupcial en el jardín, yo dije es una buena señal, pasaron varios días y una mañana vi un punto diminuto amarillo en una hoja, luego apareció la diminuta oruga, que fue creciendo en el jardín, luego se convirtió en crisálida y finalmente una hermosa mariposa Monarca que me enseñó una gran lección de vida y acá estoy compartiéndola con ustedes.