La salud mental en tiempos de pandemia
Autora: Susana María Quirós Mora
Pandemia, esta pequeña palabra, desconocida para muchos y temida por todos, la cual indica que una enfermedad se ha extendido a varios países y ha causado gran revuelo en el mundo. Tal vez en algún momento de nuestra vida o quizás en la primaria, nos hablaron escuetamente del significado de la misma, pero en estos momentos, en las noticias, en las redes sociales, en familia y a toda hora, se habla de los verdaderos estragos que causa una pandemia.
La vida cambió para todos, familias desempleadas y muy preocupadas, con deudas a cuestas, aumentos en la canasta básica a diestra y siniestra, empresarios que han tenido que reinventarse, pasando de ser profesionales, a vendedores de puerta en puerta y para colmo de males, la delincuencia en aumento, discordia entre el gobierno y el pueblo y un sinfín de calamidades que han afectado a nuestro globo terráqueo.
La Pandemia ha traído consigo innumerables tragedias y la muerte ha sido la más cruel de todas.
Este virus ha logrado que las personas estén en constante estrés, a lo largo del año muchas familias han perdido a algún ser querido, ya sea por el mismo virus o por otras circunstancias. Mi comunidad no fue excluida de estos acontecimientos, ya que dos varones, jóvenes aún, perdieron la vida, el más joven de ellos, víctima del desempleo y acosado por las deudas, decidió acabar con su vida, el otro muchacho venía apresurado de su trabajo para llegar pronto a su casa, tomarse un cafecito con el pan recién comprado, para después dirigirse a otro empleo de medio tiempo, pero no alcanzó a llegar a su hogar, murió atropellado, otro caso es el de un joven padre de familia, asediado por la situación tan difícil que afrontaba y con una fuerte depresión, decidió tenderse en las líneas férreas cuando el tren se aproximaba; pero la mano de un ángel lo rescató y después de varios tratamientos poco a poco va retomando su vida.
Al ver estos sucesos, entendí que si el virus no nos mataba, nos iba a matar el encierro y las preocupaciones.
Debido a tanta ansiedad desarrollé una alergia que costó mucho erradicar, es decir, mi salud comenzó a deteriorarse, y es por eso que a mediados del 2020, aprovechando un espacio en mi patio y con ayuda de mis hijos, construimos un pequeño gallinero, de inmediato nos dimos a la tarea de conseguir cuatro gallinas ponedoras. Cada día me entusiasma salir al patio y consentir a esas bondadosas aves, las saco del gallinero y ellas muy felices recorren el patio haciendo de las suyas en el mini jardín, que también hemos plantado en tiempos de pandemia.
El resto del día lo he dedicado a los quehaceres, a leer, a pintar mandalas, a remendar alguna ropa que algún vecino traía de vez en cuando, y ya al atardecer nos complace sacar a pasear a la consentida de la casa, una perrita Beagle que trajo a la casa mi hija menor, esa mascota nos enamoró a todos, ya que con sus travesuras nos entretiene y nos brinda una cálida compañía. Los días transcurren, el mundo se vuelve al revés, malas noticias por doquier y la tan ansiada vacuna no llegaba, niños encerrados en sus casas, recibiendo la educación a medias por medio de la virtualidad, todo esto se ha convertido en un caos y con el tiempo ha generado un estrés inmanejable. La tensión acumulada en cada ser humano, llegó a sacar lo más bondadoso y lo más cruel de cada uno.
El mantenernos aislados, nos ha convertido en seres sedentarios, con problemas de salud muy severos, la obesidad se ha incrementado, la diabetes e hipertensión le han jugado alguna mala pasada a muchas personas, inclusive a mí, la falta de ejercicio me pasó la factura, aumenté de peso y eso me afligió, aun así no sentía ese ánimo, que me impulsara a ejercitarme, pero todo cambió en mayo cuando llegó mi cumpleaños y mi hijo mayor me regaló una bicicleta, él recordaba que yo en algún momento les había comentado, que en mi juventud, practiqué atletismo y también me encantaba andar en bici, pero de eso han pasado varias décadas.
A mis sesenta años, comenzar de nuevo a usar una bicicleta, era un reto, pero me animé y a partir de ese momento, me levanto cada día muy temprano, con la ilusión de montar en mi bici y recorrer junto a mi hijo, por una hora o más, las calles del vecindario. Esta rutina la hacemos de domingo a domingo, y me ha llenado de energía y me permite estar saludable. Algo que disfruto es ver cada mañana a muchas personas haciendo su rutina, unos cuantos salen a caminar, algunos sacan a sus mascotas a pasear, otros se apresuran a ir por el pancito para el desayuno y los demás corren a su trabajo.
Algunas madres con sus hijos a cuestas, se apresuran a llevar a los niños a las casas de cuido, así son las mañanas de muchas personas que tienen que salir a trabajar, exponiéndose al contagio de este virus, y lo más triste, exponer a su familia, pero así nos toca, enfrentar con valentía lo que viene y confiar en ese Ser Supremo que nos da las fuerzas para salir adelante.
La vacuna al fin llegó, a paso lento, pero lo más importante es que ya contamos con ella, al fin llegó mi turno y ya estoy vacunada, no por eso dejo de cuidarme, ni de cuidar a mi familia.
Lo que más extraño es compartir con un grupo de adultos mayores con el cual colaboraba, cada martes nos reuníamos en el salón parroquial, hacíamos ejercicios, dinámicas, bingos y luego se compartía una merienda. Ellos son personas tan especiales, tan llenas de amor y ternura, que esos momentos vividos con ellos, escuchar sus historias y sus anécdotas, es algo que añoro.
Algo bueno de estar en cuarentena, es que se puede compartir más con los hijos, ellos, al hacer teletrabajo, permanecen más en la casa y se disfruta en familia, deleitarse con el desayuno sin prisas, el almuerzo recién hecho y un cafecito en la tarde, no tiene precio. Muchos adolescentes trabajadores, también han sentido el peso del COVID, las empresas han recortado el personal y a muchos que aún conservan su trabajo, les han disminuido el salario, todo esto conlleva a padecer de ansiedad, por eso es imprescindible tomarse el tiempo para relajarse, apartarse un poco de las redes sociales, que en muchas ocasiones nos invaden con informaciones que lo único que hacen es alterarnos.
En el caso de mis hijos, ellos construyeron una mesa de ping pong y en las noches cuando han terminado su labor, se enfrascan en un mini torneo de tenis de mesa, éste juego en particular los relaja y entretiene y hace menos pesado el encierro.
Cada uno a su manera trata de sobrellevar esta situación, procurando que la salud mental no se vea afectada, algunas personas son más fuertes, otras no tanto, por eso hay que estar pendiente de las señales que manda nuestro cuerpo y nuestra mente, ver lo positivo, agradecer por cada día, contribuir con pequeñas acciones para que nuestro entorno y el de nuestra familia, sea más agradable y sobre todo, tener fe en que lo vamos a lograr y que pronto esta Pandemia pasará.