Querida novia de mi alma, no sé por qué te dicen Selva
Autor: Gino Colombo Víquez
El destino me ha marcado que tengo que irme a tu encuentro y sumirme en un manto de amor y contemplación y que me esperas con los brazos abiertos. ¿No sé por qué? ¿No sé dónde voy? ¿No sé dónde queda tu casa y como te encontraré? He oído poco de ti. Solo sé que muchos urjan tus entrañas buscando el precioso metal, para salir de sus pobrezas.
Estoy sentado en el avión Douglas C46 de LACSA, que me llevará a mi ansiado encuentro y que me cobijarás para siempre con tu amor. Dejo atrás mis 23 años, a mis padres, a mis hermanos y a todos los amigos, no tengo a nadie más junto a la par mía, sólo me acompañan las ansias por conocerte. Me he quedado solo en este mundo.
El ruido de los motores me adormece y apaciguan mi ansiedad y duermo por pequeños instantes mis temores, ya que no puedo obviar que me esperan las garras de las selvas y de las montañas, tomo fuertemente, entre mis manos, el rosario que me ha dado mi madre. Pero en mis confusos pensamientos, reconozco que me gusta el peligro y me cautiva la aventura, pese a los sollozos de mi madre. Pienso mucho en ti, amada mía, me pone nervioso y temo como me recibirás, si serás tan bella como dicen los que hablan de ti.
La sacudida del avión me trae de vuelta a los recuerdos de mi madre. Pienso en mi padre, que con su juventud atravesó mares, para encontrar su destino, dejando todo detrás de Él. Están allí abajo, muy orgullosos, pero a la vez, llenos de temor, por lo peligros que sabe, que me tocarán vivir.
Mi padre piensa en tigres y culebras, mi madre en avionetas caídas. El avión se sacude como una hamaca, al entrar por el Paso del Sur, pero lo peor estará por llegar. La turbulencia se incrementa, por el mal clima de aquel horrible día. Cierro los ojos, y trato de imaginar tu belleza y me pregunto, cuando lograré conocerte. El avión hace una caída estrepitosa y se zambulle en media selva, con su nariz clavada hacia el suelo, ya que es la única manera de entrar al aeropuerto de Golfito. Siento que toco con mis manos, las copas de aquellos centenarios árboles.
Por fin llegó a la pista, me dan la orden de salir a batir mis huesos embotados. ¿Vuelvo a ver una y otra vez para todos lados, quiero adivinar, si me estarás recibiendo aquí, amada mía, me preguntó, donde estarás escondida? y si tal vez, desde tu madriguera, estás viendo mi cara asustada. Me preguntó, si en nuestro encuentro fortuito, llegaremos al amor que tanto ansiamos los dos. Me preguntó, ¿cómo será tu cara? ¿Me preguntó que sorpresas me tendrás escondidas? Pero lo que más me preocupa, ¿es que misterios escondes y qué es este llamado tan intenso, que sufre mi corazón, por qué me llamas a cada instante? ¿Será el amor platónico, que me espera?
El avión se eleva nuevamente, pero esta vez, sobre el mar de intenso azul, desde donde veo el pueblo de Golfito y su manto verde de fincas bananeras. Rápidamente aterriza el avión en Palmar Sur. Por fin he llegado donde creía que tenía que llegar, sin saber, que era la puerta del infierno. Me siento mareado de tanto sol, estoy perdido, solo en este nuevo mundo.
Algo sacude mis pensamientos y me trae con gran impacto, a la realidad. Ahí mismo pienso que estoy más cerca de ti, ya casi siento tu corazón palpitar. Entro en mi rutina diaria y empiezo afrontar mi nuevo mundo: del avión al jeep, del jeep a una canoa en el Río Sierpe, entro a un canal y empiezo a remar, luego brinco de la canoa al caballo, transito por parajes de verde intenso, dejo el caballo que relincha solo, angustiado por quedar amarrado. Comienzo para caminar por el monte, trillos que nunca se acaban, majados por muchos años, sitios desconocidos. Me encuentro a la mejor y más leal gente del mundo, los campesinos pobres, curtidos en estas montañas y selvas, que con enormes ansias me reciben.
Bendito seas Dios, sos sabio y supiste donde ponerme y que labor más bella me has encomendado. Nunca me lo pude imaginar antes. Las extensas jornadas, el hambre, los aguaceros, las culebras, el cansancio, las garrapatas y los peligros, se borrarán de mi mente, la cual, satisfecha, pensará solo en la labor cumplida.
Me encuentro un campesino, que habla sin quererlo y me releva sus secretos bien guardados. Me indica, que el amor que tanto busco está muy cerca de mí, que solo siga los canales misteriosos de este río que son peor, que el más complicado laberinto hecho por un hombre. Parecen hilos cristalinos de multicolor. Me dice, que esos canales del río me llevarán al mar, a la desembocadura del Río Sierpe, que ahí mismo, encontraré de referencia la Isla Violines. Me señala, que tomé el camino del mar, que mi amor me llamará en el justo momento que tenga que desembarcar. Pero a la vez me advierte, que ese amor no es cualquiera el que lo encuentra, ya que ella, muchas veces, ha pedido recompensas, las cuales, han quedado hundidas allí, en la Boca Sierpe, que traga vidas de un solo bocado. Pienso que será más difícil, de lo que imagine, postrarme a los pies de mi amor.
La noche de ese día, me recibe el baile multicolor del Salón Flores en Puerto Cortés. Veo algunas muchachas guapas y busco en aquellas oscuridades del salón, si estarás allí mismo, esperándome. La bienvenida al nuevo Ingeniero no puede ser mejor: me cobija el calor y las cervezas de la noche y el estruendo de la bulla, atrapada en ese salón.
Vienen otros días acompañados de unos meses. ¿Siempre pienso solo en ti y en donde estarás, será que no quieres que te encuentre?,
Llego al final de mis sueños, he pasado la noche preparando mi alforja, me palpita el corazón y se me quiere salir por la boca, por fin me han concertado una cita contigo. Reviso bien lo que tengo que llevar: la pistola, el suero antiofídico para la mordida de culebras, machete, el rosario de mi madre. Tal vez, desearía llevar mis mejores galas, pero desde hace ratos no me hago la barba, la que me he dejado a propósito, para que no me golpee el sol, en mi rostro. Ya después de unos meses hasta he cambiado el color de mi piel. Mis ansias me matan, pasé casi toda la noche despierto y no pude dejar de pensarte, he soñado con este momento mil veces y se acerca nuestro ansiado encuentro. Trato de imaginarte de mil maneras y más cuando oigo a la gente hablar maravillas de ti y de tu gran hermosura. Dicen, que, con solo una mirada, cautivas y encantas a los hombres, los cuales, ya no quieren regresar al mundo, por estar el resto de sus días, junto a ti.
Son las 5 de la mañana, camino solo y meditabundo por las calles solitarias de Puerto Cortes. Me acompañan mis ansias y el sonido de los gallos lejanos, que despiertan, apenas que salen los primeros rayos del alba, para hacer gala de su voz y tocar la sinfonía de mi despedida.
Llego al campo de aterrizaje de Puerto Cortes, pienso en las culebras y tigres que aterrorizan a mi padre. Pienso en mi madre, que me advirtió de los amores y ahora voy al encuentro del amor que siempre he soñado.
Veo la avioneta calentar motores, que parece un juguete. Es de una Compañía de Aviación, que ya ha perdido avionetas, con sus muertos a bordo. Voy en una Cesna 204. Viene a mi mente nuevamente mi madre y me aterroriza la posibilidad, que se quede sin otro hijo en tan corto tiempo, pero el pensamiento se desvanece, por la emoción de encontrar a mi amante soñada. Voy a tener tres días, para tener tiempo, de consumar el amor que ya le tengo a ella, pese a que no la conozco aún.
Me aterroriza pensar, que me puedo quedar en aquella playa solo, por tres días. Se eleva la avioneta, siento que me desvanezco de emoción, no puedo escoger donde mirar, viene tanta belleza repentina a mis ojos que no soy capaz de atraparla. Veo el Río Térraba abajo, como una serpiente de la mitología con sus seis bocas: Boca Zacate, Boca Chica, Boca Guarumal, Boca Brava, Boca Coronado, Boca Sierpe. Veo a lo lejos la Isla del Caño.
Pasó encima de la Boca Sierpe y me pregunto, cuantas personas han muerto, queriendo atrapar al amor que me espera. Pasó la increíble ensenada de Drake, lugar mágico, hecho con los mejores pinceles de Dios.
Me palpita el corazón, amor mío cada vez estás más cerca de mí, ¿cuánto tiempo ha pasado?, desde que deseo conocerte. ¿Cuántas veces he soñado contigo?, cuantas veces has adormecido mis dolores de giras pensando en ti?
La avioneta hace su acertado aterrizaje, en aquella playa negra, llamada Llorona. He llegado a tu casa, estoy aquí solo para amarte.
Estoy aquí, trato de mirarte, solo me acompañan mis ansias y mis deseos de verte y abrazarte, quedo mudo de ver tanta belleza, las personas que me hablaron de ti se quedaron cortas, que obra ha hecho Dios contigo, sos más bella de lo que imagine, estoy en este lugar por primera vez y totalmente solo, sos únicamente mía y nada más que mía.
Te cobija por el oeste este mar de azul maravilloso, oigo los rugidos de las olas del mar reventar, veo tus palmeras doradas al este, detrás de mi estas tu, me tomas de mi mano y me acaricias, tu amor es intenso y tan grande, que se pierde en la inmensidad de lo que alcanzan a ver mis ojos, me siento el ser más privilegiado del mundo, estoy aquí contigo, tu amor es solo para mí. Me asombra tu amor, tanta hermosura, el silencio de tus entrañas, únicamente interrumpido por el rugido del animal lejano, el verdor es exquisito. Me llama la atención tu tamaño, tengo miedo de estar aquí, solo contigo, pese a que he soñado con ello.
Caigo en la realidad de los lejos que estoy del mundo, me pongo nervioso, no sé lo que escondes dentro de tu cuerpo, pero me da miedo, que sorpresas tendrás para mi, ya me han dicho que eres devoradora de hombres. Pero lo más importante es que estoy junto a ti y me has enamorado a primera vista, veo que lo que hablan de ti, es cierto, cobijas muchos misterios y peligros, pero así te ha creado Dios, para que enamores, si amor mío, por fin te he encontrado y en estos tres días consumiré mi amor por ti, el cual, se te antemano que será para toda la vida.
Te he encontrado amor mío, Selva de Corcovado.