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Cuento

Migrantes

Autora: Flora Marta Kepfer Gámez

Yo no sabía por qué. En medio de una mezcla viscosa de sensaciones no podía pensar bien. ¿Por qué estaban ahí? ¿Qué lugar era ese? ¿De dónde venía esa bruma pesada y ardiente?

Lo que recuerdo es que cada paso había dejado de doler; se había convertido en un golpe sordo como de bombo que retumbaba en la parte baja de mi cabeza.

La memoria se me iba despabilando con lentitud eterna, revolcando a su paso atropellos, carencias y temores.

-¿A dónde vamos, Mamá?

-A la casa nueva.

-¿Y qué vamos a comer?

-La comida nueva.

La comida nueva… la comida nueva…la comida nueva…-repetía un eco necio al ritmo del bombo que llevaba por dentro.

-Ya no puedo caminar más, Mamá.

-Ven que te llevo alzado.

Entre sus brazos flacos el sueño no venía y la vigilia era torpe, somnolienta, escurridiza. Por largo rato Mamá siguió hablando al ritmo del bombo, de su trabajo nuevo, de la vida nueva, de la comida nueva.

-Ya no puedo cargarte más hijo. Descansemos un rato.

Los brazos flacos me depositaron con infinito amor a la vera del camino y el grito de un hombre rompió el ronco murmullo de muchos pasos cansados:

-¡Esperen! ¡Aquí hay otro chiquito muerto!

Cierre de la obra